El cocinero
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共 66 段- --Como que está malo de un atracón de setas el cocinero del
- La duquesa para decirlo de una vez, estaba plenamente conven
- --Creo, Dios me perdone, que la duquesa me teme: bien haya e
- --Pero habré de darme á conocer á mi padre, me preguntará...
- --¡Por la Virgen! ¡ved que estamos en casa del duque, y que
- Volvióse el joven, y vió un paje que traía ropa de mesa, ter
- --Yo, que también sé ahorrar de palabras cuando conozco á la
- --Ello, al fin, no me importa tanto que me exponga á volverm
- --¿Si le hay? Desde que murió el rey don Felipe, que aun ant
- Quevedo abrió la linterna, y Juan Montiño, doblando la carta
- --Y bien, ¿queréis ser canónigo?--dijo la dama mirando á Jua
- --Es un parecido vago, en el que es muy difícil reparar cuan
- Detúvose á cierta distancia del desemboque de las escaleras,
- El tío Manolillo no contestó; había levando la cabeza, y pué
- --No; no, señor; pero el incógnito había tenido una disputa
- --¿Y qué hombre no ha amado?--exclamó profundamente el confe
- --¡Bah! ¡el escuderote! Pero dejando esto... ¿dónde tiene su
- En aquel momento Montiño miró á la comedianta.
- Volvióse y se encontró delante de un viejo apergaminado.
- --Entonces reclamo mi sueldo de consejero.
- --Don Baltasar de Zúñiga no perdona medio de captarse la vol
- Acababa de entrar en el locutorio una monja como de veintise
- --Más bien creo la lleváis hecha una olla de grillos.
- --Mira, Casilda, ese caballero es tu amo y el mío--dijo Doro
- «Respetable padre y señor fray Luis de Aliaga: El celo por l
- --¡No; no, señor! intenciones de más que eso he tenido... ¡p
- --¡Os equivocáis!--exclamó con precipitación el padre Aliaga
- Durante algún tiempo, sólo se hablaron con la mirada lúcida
- La Mari Díaz, dejando en su chismografía política al alférez
- Pero antes de proseguir, necesitamos ocuparnos de ciertos an
- --Sí; un hidalgo que ha llegado á Madrid, á quien conoce su
- --Y le ha tenido con razón--dijo con acento lleno y majestuo
- --¡Dios mío! Es que á mí nunca se me ha ocurrido ni podía oc
- --Os encontráis en unas circunstancias gravísimas. Lo que vo
- Miró profundamente el joven al cocinero, temeroso de si éste
- Doña Clara, entre tanto, había tomado de sobre la mesa un ob
- --Al día siguiente, mi padre, á pesar de que debía marchar,
- --Eso sería muy bueno para que no me estuvieran viendo habla
- --¿Y el duque de Lerma?
- Al sonido de aquella voz poderosa, á la vista del hábito de
- Doña Clara tenía los ojos llenos de lágrimas.
- Un nuevo terror disipó el anterior terror de Montiño.
- --Te amé--continuó el tío Manolillo--como nunca he amado; ni
- --¿Yo? ¿qué hubiera hecho yo? ¡dar mal por mal y con creces,
- --El caballo que debía haber llegado á Madrid con su jinete,
- Pasó algún tiempo y la duquesa se heló de espanto; conoció q
- --Retiráos--dijo la duquesa--; cerrad la puerta, y que nadie
- Pero como no constaba el nombre de la madre y sólo el amor q
- --¡Sin pudor! ¿creéis que porque yo amo á Quevedo he perdido
- --¡Oh! no temáis, señor; yo no sé cómo lo he dicho á vuecenc
- --Esa pobre chica me da compasión y me siento además agradec
- Y el rey se levantó y escapó por una puerta de servicio.
- --¿Y el oro da la felicidad? la da á los imbéciles, que cree
- --Pescadores, sin más bienes que una barca y una cabaña en l
- --Ya estamos solos, padre y señor--dijo--; sé á qué habéis v
- --Si probáis que el hombre que habéis muerto era un ladrón..
- Pronunció de una manera tan fatídica estas palabras, que Mon
- Y luego, sentándose resueltamente, dijo con una voz que espa
- --Pero vos no podéis, por lo mismo que sois hidalgo y leal,
- --¡Ya lo creo! con una mujer como esa ya puede uno hacer lo
- --¡Cuidado! ¡cuidado con lo que hacéis! no vaya á caer el tó
- Quevedo se puso á pasear á lo largo de la cámara; la condesa
- En otras circunstancias doña Clara se hubiera negado á recib
- --Es cierto que os amo, que mi alma toda entera es vuestra.
- --Apartad, caballero, apartad, y no profáneis ese cadáver--d
- «No pudiendo permanecer en Madrid, del que salgo esta noche,