famoso que Aristófanes, ni siquiera el ateniense Menandro, de Moratín,
sino el precursor de Elías; el Edipo del poema no es el de Sófocles,
ni la versión castellana de Estala; ni siquiera la tragedia de
Martínez de la Rosa, cuyas obras sólo se conocieron en Filipinas años
después de dada a luz la primera edición del _Florante_. Cuando mucho,
tendría noticia Balagtás del _Polinice o los Hijos de Edipo_ de D.
Antonio Saviñón, pero ni ésto es cosa averiguada. Verdad es que la
frase trágica _¡ay, ay infeliz de mí!_ es de gran efecto en el
_Florante_ como en la tragedia de Sófocles, pero la tagala _¡sa aba
co!_ (ay, infeliz de mí) es tan castiza en tagalo que es más bien
idiotismo característico de la lengua que del poema. También la Laura
del poema no es la de Petrarca, ni tampoco la de Martínez de la Rosa,
sino, sencillamente, la precursora de María Clara.
Florante y Laura, Aladín y Flérida, Menandro, Antenor y el conde
Adolfo, aunque el autor diga otra cosa, no son personajes deducidos de
la historia, ni de crónica alguna. Cuando mucho, son como
Brandabarbarán de Boliche, Micocolembo de Quirocia, Pentapolín y
Alifanfarrón de la Trapobana en el _Quijote_, nombres graciosamente
eufónicos, dice un crítico, sin realidad, ni consistencia histórica.
Pero en Balagtás le sirvieron de pretexto magnífico y de tarasca para
despistar a los ceñudos censores de su época. De otra suerte, la
censura no hubiese autorizado la publicación del poema, ni consentido
luego que se difundiese y fuese tan familiar en todo hogar tagalo. La
magia del estilo era, ciertamente, para cegar a Aristarcos. Aconteció,
pues, con el _Florante_ lo que con _D. Juan Tiñoso_, que, mientras el
augusto padre de la princesa, niña de sus ojos, los puntillosos y
currutacos príncipes pretendientes de la princesa y los bufones de la
corte sólo veían en _D. Juan Tiñoso_ un vejestorio, su podredumbre y
lacras postizas, la enamorada princesa era la única que veía la plata,
el oro, las pedrerías y la extraordinaria hermosura de Tiñoso, porque
sólo ella era la digna de verle en todo su esplendor, y en toda su
gloria.
Es admirable el uso poético que Balagtás hace de los pegotes
históricos, que consigue nacionalizar. Como que sus musas son las de
Bay, y sus ninfas las que vagan por las riberas de Beata e Hilom, y
las aguas que canta, las tributarias del mar de China, tan pronto
dulces, tan pronto salobres. El bosque mismo, dantesco, y que aparece
fantástico sin pormenores visibles de carácter local, parece comunicar
la impresión de ciertos bosques filipinos y colinas, en los cuales los
naturalistas viajeros se hacen lenguas de ciertas palmas tropicales,
que yerguen sus troncos anillados, recubiertos de fajas circulares de
espinas negras, coloreadas hacia el penacho de un espléndido pardo de
calcinada siena; o de familias de barringtonias en flor, coquetamente
ufanas de la hermosura de sus estambres rojos, de anteras amarillas y
larguiruchas, trabando justa con las orquídeas y epifitas que cuelgan
de sus ramas como arañas y flecos, pero cuyos frutos son, a la vez,
flotadores de las redes, y activo veneno para los peces.
Añádanse maraña y espesura que vuelvan su interior inaccesible a los
rayos solares, y tales apesaramientos, además, de ánimo que truequen
las cosas más agradables en algo macabro o fúnebre, porque el amor y
el dolor fueron siempre supersticiosos, y se tendrá la impresión del
bosque del poema. Fuera de ésto, hecho adrede para parecer extraño y
fantástico, en todo lo demás es el poema más nacional de Filipinas.
Como que, si se extraen del _Florante_ todas las palabras netas de
ultrapuertos, no harían siquiera 28 dodecasílabos. ¡Y el poema en
conjunto, tiene 1708 dodecasílabos!
Así se comprende que los personajes y situaciones del poema hayan ido
a encarnarse en los del _Noli me tangere_ y hasta en el espíritu mismo
del Dr. Rizal.
El padre de Ibarra cría a su hijo como crió el duque Briseo a
Florante. Para fortificar el corazón de Ibarra y que se decida a
aprender la ciencia de la vida fuera de su país, lejos de la solicitud
paternal, le aconseja que no sea "como la planta de que nos habla
nuestro poeta Baltazar: crecida en el agua, se la marchitan las hojas
a poco que no se la riegue; la seca un momento de calor". Cuando
Ibarra cree en las disimulaciones del P. Salvi, el filósofo Tasio,
para ponerle en guardia, le dice: "recuerde V. lo que dice Baltazar":
_Cong ang isalubong sa iyong pagdating
Ay masayang muchat, may paquitang giliu,
Lalong pag in~gatat, caauay na lihim....._
(Si a tu llegada te recibe
con rostro alegre y muestras de aprecio,
tu cautela sea mayor, y por taimado enemigo
le tengas y con quien habrás de lidiar).
Y, para que Ibarra no se olvide de la cita, añade: _Baltazar era tan
buen poeta como pensador_. Son los versos mismos que Antenor, maestro
de Florante, dijo a éste antes de partir. Elías, hijo heroico del
pueblo y muy fiel amigo, que salvó a Ibarra en dos ocasiones, y puso a
buen recaudo, a costa de la propia, la vida de su amigo, es Menandro,
camarada el más leal de Florante, que también le salvó la vida en dos
ocasiones, y con el mayor desinterés proclamó reyes a Florante y
Laura. Elías, además, hace gala de conocer el _Florante_. Así, dice:
"Debemos entrar en el río Beata para simular que soy de Peña-Francia.
Vereis el río que cantó Francisco Baltazar".
El P. Salvi, tartufo de la novela, que, humillado por Ibarra y luego
perdidamente enamorado de María Clara, determinó asesinar a Ibarra por
medio del hombre amarillo, armó una revolución e intento violar a
María Clara en el monasterio de Sta. Clara, es el hipócrita conde
Adolfo, que, humillado en la Escuela por Florante, también quiso
asesinar a Florante, armó una revolución e intentó violar en el bosque
a Laura. María Clara misma tiene algo de Laura, en su timidez y en sus
prendas morales y físicas. Y, si Ibarra sintió fuertes celos de María
Clara, lo mismo Florante de Laura. El ambiente mismo de la novela y el
del poema guardan cierto aire de familia, hasta en ciertos detalles de
la escena, por ejemplo, las aguas salobres del estero de Binondo y de
la barra del Pásig, y las de los ríos Beata e Hilom.
_Na cong maliligo,i, sa tubig aagap,
nang hindi abutin nang tabsing sa dagat._
(Cual madrugador bañista que se aprovecha del agua dulce
antes de enturbiarla la salobre del mar).
Las situaciones del poema tanto se grabaron en el alma de Rizal que,
cuando compuso en Alemania su _Arte métrica tagala_, la construyó casi
toda por medio de los versos del _Florante_. "El verso tagalo, dice,
considera como consonantes fuertes la _b, d, g, k, p, s_, y _t_, y
como débiles: _l, m, n, ~g, y_, y _w_." Cabalmente los consonantes del
poema, especialmente de las cuartetas segunda y primera del
_Florante_.
Pone, por ejemplo, como rima vocal pesada en _a_ lo siguiente:
_dalitâ, tuâ, nasà_. Y he aquí las rimas de vocal pesada del modelo:
_Anhin cong saysain ang tinamong tuâ
Namatay si ina ¡ay, laquing dalitâ!
Taroc mo ang lalim nang caniyang nasà_
Se dirá que no son versos de una misma cuarteta, pero contestaremos
que Rizal tampoco trata precisamente del cuarteto, sino de la rima en
general; y además, Rizal, a quien era tan familiar _Florante_, solía
citar sus versos de memoria. De aquí que alguna vez la memoria fuérale
infiel. Véase este verso que pone como ejemplo de la _elisión tagala_:
_Ang caloloua co,i, cusang lumiligao,_
cita errónea, por cierto, porque el del poema dice otra cosa:
_Ang caloloua co,i, cusang dumadalao._
Lo que hubo es que el Dr. Rizal, al hacer la cita de memoria, trocó la
palabra final de un verso por otra final de otro verso del mismo
cuarteto, o sea, los versos primero y cuarto del séptimo cuarteto (_A
Celia_).
7.
_Ang caloloua co,i, cusang dumadalao
sa lansan~ga,t, nayong iyong niyapacan
sa ilog Beata,t, Hilom na mababao
yaring aquing puso,i, laguing lumiligao._
Dejaba el poema a alguno de sus amigos, a Ventura, por ejemplo, y, al
recogerlo, consignaba en su _Dietario_ el hecho como digno de memoria.
Si no tenía a mano su ejemplar, y usaba el del Dr. Pardo de Tavera,
devolvíalo, acentuadas, de su puño y letra, las palabras del poema.
Era preocupación constante suya la tirada de un edición especial del
_Florante_ con grabados, pero su muerte impidió la realización de tan
filipinística obra.
En su viaje a América Rizal mismo cuenta esta anécdota de su vida: "En
el vapor me encontré con una familia semifilipina, pues la señora y
los hijos lo eran, hija de un inglés, Jackson. El hijo me preguntó si
conocía a Richal, autor del 'Noli me tangere', _dije sonriendo que sí,
como Aladín, de Florante_. Y como empezase a hablar bien de mí, me
descubrí y dije que yo era el mismo, pues era imposible que no
supieran mi nombre durante la travesía."
En España, teniendo a su lado a Pilar y otros compatriotas tagalos,
dolíase de que sus compañeros le echasen a perder su tagalo, _at
nasisira sa m~ga caauaauang pananalitâ nang manga casama_, y sentía
nostalgia del tagalismo. Si tuviera, decía, su _Florante_, menos mal,
pero "mi _Florante_ pude dejar en Barcelona". Sus diversiones en
_Pansol_ son las mismas del _Florante_ en el brañal, pampa, y su
bosque de paz, que constituye una de las mejores páginas del poema,
digna de Teócrito. Quien haya sentido inefable bienestar con la
lectura de los versos del poema y la infinita dulzura de que era capaz
la lengua tagala en la ofrenda a Celia, seguramente sería también
capaz de sentir la emoción tiernísima que despierta este pasaje del
Dr. Rizal: _Magagandang ayos at pananamít na karaniwan niyang gamitin_
(habla de Loleng) _ay totoong nababagay sa kulay na azul na may guhit
na gintô.... Niyaong unang panahón n~g tayo'y namamayati, naliligò sa
Pansol, Prinsa, nagpapasial, náinom n~g tubâ, o namamaklad, o napapasa
Mainit_.
Mas no sólo en las ya citadas obras del Dr. Rizal, sino en cada una de
sus poesías nótanse reminiscencias, inconscientes por cierto, de los
pasajes del poema, especialmente en _A las Flores de Heidelberg_, a
las cuales confía su secreto de que
él también murmuraba
cantos de amor en su natal idioma;
_Mi retiro_, donde viéndose
Lanzado a una peña de la patria que adoro
le entristecen recuerdos de la adolescencia y lamenta los males que
turban la paz de su patria, y sobre todo la última poesía, el _Ultimo
Adiós_, donde resume sus dolores y los de su patria, y, con todo, una
tolerancia sin límites, un hálito de perdón, una infinita
misericordia, se ciernen sobre todas las angustias, humedeciéndolas
con lágrimas, que no sólo recuerdan la lengua en que se escribió el
_Florante_ y traen reminiscencias de la bellísima ofrenda _A Celia_ y
del sentidísimo soliloquio del hijo del duque Briseo, cuando se
hallaba atado al tronco del árbol de marras, sino que, en cierto modo,
_consagran todo el poema para siempre_.
Nada debe interpretarse en lo dicho como que sugiera atisbos de plagio
en el Dr. Rizal. Nadie es menos capaz de tal calamidad literaria que
el Dr. Rizal, la sinceridad por antonomasia. Todo es lógico,
_necesario_, y, ¿por qué no decir _providencial_? Si el poema es la
concreción del genio de la raza y maravilloso condensador de su modo
de ser y de sus supremos anhelos, _natural es que el carácter,
prototipo de la raza, reuna en sí, aparte sus ingénitas cualidades
individuales, los rasgos más característicos de su noble estirpe, y
que en la lucha haga bizarro alarde de los rasgos fisionómicos de su
familia y de sus gloriosos timbres_.
El _Florante_ y el _Noli_ serán siempre las dos obras capitales de la
raza; la primera, como obra serena en tiempos de paz, épica y
filosófica a la vez, con relámpagos líricos y dramáticos y presagios
de tempestad próxima; la segunda, como obra de transición y de
batalla, y, por lo mismo, dramática por excelencia; la primera
brillará siempre, tal vez, sin consideración al carácter del genio que
la creó; pero la segunda, brillará y culminará precisamente por
consideración al carácter puro y heroico de su autor; _Florante_ será
siempre clásico por la lengua, y popular, y su espíritu, el genio
tutelar del hogar; pero Rizal, en quien ese espíritu y los rasgos
característicos de su raza se encarnaron, será todavía más: ídolo y
compendio de los dolores y anhelos de la raza: _porque fortificó y
consagró nuestra solidaridad nacional_. Así la cadena de amor y
siemprevivas de la gratitud nacional, constantemente renovadas sobre
su tumba, serán perennes como las rosas eternas de la leyenda sobre la
tumba de Tristán e Iseo.
Poesía como la de Balagtás es intraducible a otro idioma. Y así, los
que siguieron el ejemplo del Dr. Rizal, los llamados _precursores_, y,
en parte, los políticos de la presente generación, que al mismo tiempo
son literatos conocedores del tagalo, airearon sus citas en la propia
lengua de Balagtás. Rizal en primer lugar, que sólo hace una
excepción: en el padre de Ibarra. Y ésto por ser español D. Pedro
Eibarramendia, y aconsejar en castellano a su hijo. Y como Rizal,
Marcelo H. del Pilar y Emilio Jacinto. Los versos más citados por los
políticos son naturalmente los que reflejan noble indignación por los
males de la patria, execran a los tiranos y predican la tolerancia
religiosa y política, la moderación y la templanza en los actos del
hombre.
Marcelo H. del Pilar, para confirmar su aseveración de que la
sinceridad para con el pueblo es siempre vilipendiada, y el halago
hipócrita, sahumado, dice: _Talagang ganito ang nagtatapat sa bayan:
siyang alimura_.
_at sa balang sucab na may asal hayop
magan~gong incienso ang isinusuob_.
(y a cada tartufo de bestial carácter
se sahuma con aromático pebete).
Versos que el traductor anónimo de _La Visión de Fr. Rodríguez_
también cita.
Emilio Jacinto, en el capítulo _El Pueblo y el Gobierno_ de su
_Liwanag at Dilim_, cita>:
_caliluha't sama ang ulo,i, nan~gag tayo
at ang cabaita,i, quimi,t, nacayuco_
(mientras los perversos y traidores yerguen la cabeza arrogantes,
andan los buenos avergonzados y cabizbajos).
Y en el capítulo _El Trabajo_, de la misma obra
_ang laqui sa layao caraniua,i, hubad
sa bait at muni,t, sa hatol ay salat_
(los que en las comodidades se crían
desnudos de discurso andan, y de consejo horros)
Rafael Palma cita los versos de los cuartetos 6 y 9 de la ofrenda _A
Celia_, y del poema, los cuartetos 203, y los que describen la
hermosura de Laura: 275, 277 y 278; y T.M. Kalaw, los dos primeros
versos del cuarteto 263.
Casi no hay escritor u orador que no cite líneas del poema para ornar
con relicario de oro sus escritos y discursos. Y es que en el
_Florante_, dice Macario Adriático, "llora un corazón noble con el
profundo y delicado sentimentalismo de nuestra raza.... En él cada
dolor tiene su rima; una estrofa cada gemido de un pueblo
desventurado, una doctrina el padre y enseñanza el hijo de familia. Y,
en estos aciagos días para la patria (1901), el _Florante_ nos ofrece
una fiel descripción de los cuadros sociales y políticos, en tal forma
que podremos decir que el autor había previsto desde hace medio siglo
nuestra actual desventura.... Con un acento vigoroso y una dicción
incomparable ya nos decía que en este pícaro mundo la iniquidad y la
infamia llegan a sentarse en el trono de la injusticia para condenar a
la virtud o ahogar el mérito, así como para ensalzar la traición y
recompensar el crimen".
Mentamos la imposibilidad de una versión del poema en cualquier otra
lengua. Y es que la mejor traducción, y más, en prosa, nunca
reflejaría la hermosura real del original. La reducción, aun
tratándose de un mismo idioma, a prosa, del dialecto poético, vuelve
hiperbólico, manido y hasta grosero cuanto en verso es gracia,
elegancia y originalidad. El traductor de buena fe hace a este
propósito, inconscientemente lo que conscientemente hizo Voltaire a
Corneille. "A cada momento, según Saint-Beuve, dice de Corneille que
carece de gracia, elegancia, y claridad; mide, pluma en mano, la
altura de las metáforas y, cuando las encuentra mayores que su medida,
las llama gigantescas; pone en prosa las frases altivas y sonoras que
tan bien parecen en los labios de los héroes y se pregunta si ésto es
escribir y hablar francés". Llama groseramente _solecismo_ a lo que
debe calificarse de _idiotismo_, a lo que falta tan completamente en
la lengua estrecha, simétrica, _a la francesa_, del siglo XVIII.
Recuérdense los magníficos versos de la _Epístola_ en que Corneille se
glorifica después del triunfo del _Cid_. Voltaire ha osado decir de
esta hermosa epístola: _Parece escrita enteramente en el estilo de
Regnier, sin gracia, sin elegancia, sin imaginación; pero se ve en
ella facilidad y candidez_. Comentario soberanamente injusto y
revelador de una grande ignorancia de los verdaderos orígenes de la
lengua francesa, dice el crítico citado, porque "el estilo de
Corneille con todas sus negligencias es para nosotros el más hermoso
estilo del siglo de Moliere y de Bossuet". Y ésto se dice de Voltaire,
hombre de letras y poeta, al fin, de gusto refinadísimo, y
"extraordinario hijo de las Delicias" según Diderot.
Los matices unidos a ciertos nombres, epítetos, giros idiomáticos y
hasta a ciertas dicciones, según la colocación de las mismas en el
discurso, desaparecen todas en una versión. Aquella hermosura secreta
que Rizal sentía en la contemplación de nuestras cascadas y que no
sentía con la vista del Niágara, ni de las alpinas, y que siente todo
filipino en la lectura del _Florante_, es la que desaparece en la
versión o desaparecerá, sea cual fuere, sin exceptuar la nuestra.
A sabiendas, pues, de la dificultad ya expuesta, hemos hecho la
versión directa e íntegra del poema en prosa, únicamente para obedecer
a un deber sagrado de información literaria, y para dar una ligerísima
idea del contenido del poema a los desconocedores del tagalo, y
provocar en ellos el estudio del mismo, para que puedan disfrutar
directamente de las bellezas del poema, cual hicieron Rost, Kern,
Meyer y Blumentritt, a instigaciones de Rizal, y los seglares y
misioneros españoles, por propio o ajeno impulso.
Que sepamos, sólo existe una traducción completa inédita, hecha por
Alejo Custodio a encargo de Barrantes; Rafael del Pan tradujo el poema
en tercetos castellanos, y Rafael Palma en prosa, pero estas versiones
rafaelinas se extraviaron. Traducciones parciales las hay en
abundancia. Fr. Toribio Minguella tradujo, por vía de muestra, los
cuatro primeros cuartetos del poema[42]; Rafael Palma, los cuartetos
15, 16, 17, 18, 148, 149 y 150[43]. T.M. Kalaw aprovecha y amplía los
tres últimos cuartetos traducidos por Palma y traduce, además, los
versos últimos del cuarteto 285[44]. Rizal, como se ha dicho por
excepción, tradujo los tres versos del cuarteto 200[45], y finalmente
el poeta Manuel Bernabé tradujo en verso toda la dedicatoria _A
Celia_: 88 versos en conjunto[46].
Nuestra versión es casi literal, sin más libertad de nuestra parte que
aquella necesaria para que la versión pueda leerse íntegra, con el
menor número posible de hiperbatones, menores atragantamientos de
sintaxis, giros idiomáticos y ayuntamientos impropios de palabras y
frases. Enumeramos las estrofas y ajustamos la versión de manera que
cada línea de prosa sea no más que la traducción del verso
correspondiente, y donde fue posible, traduciendo palabra por palabra,
epíteto por epíteto, teniendo por pauta conservar el sentido genuino
del original.
Hemos querido reflejar también, tal vez con poca fortuna, cierta
característica muy elegante del tagalo, pero que en castellano se
vuelve obscura, vaga y hasta arbitraria de sintaxis, es a saber: el
tránsito continuo y rápido de construcciones en singular y en segunda
persona, a plural y tercera o impersonal, y que en tagalo se extiende
a las simples dicciones castellanas tagalizadas. No se dice en tagalo,
por ejemplo, "tu voz, la sala de tu casa, la vara de justicia", etc.,
sino _voces, salas_ y _varas_. Dentro del hogar mismo y en la mayor
familiaridad, la cortesía tagala impide que marido y mujer, hablando
entre sí, se llamen por sus propios nombres, o por sus apodos. "Pase
V. primero; adiós, o me despido de V.", en tagalo se pluralizan e
impersonalizan los apelativos, manteniéndose el verbo en singular, así
_magdaan pô muna silá_ (ellos, ellas); _paalam na pô sa kanilá_
(ellos, ellas). Véase el cuarteto 285. Florante apostrofa a Laura, y
la dice:
¿Era todavía ésto ineficaz para atajar
tu inconsistencia y perversa inclinación?
y, a seguida, sin respirar, añade:
cual culmine en grandeza
tal tableteará cuando de bruces caiga.
Por este estilo, hallará bastante el lector dentro del poema, y
todavía con mayor pronunciamiento idiotísmico, que en las cortes de
justicia suele desesperar a los intérpretes oficiales. No está de más
decir que el Dr. Rizal, fiel a esta manera y tradición tagala, y
dentro de la más íntima familiaridad, solía hablar y escribir a sus
parientes y amigos íntimos de la manera indicada. Son corrientes en
sus cartas las siguientes expresiones: "Supongo que la Sra. Neneng
...; muchos afectos a Sra. Neneng ...; adjunto va una carta para Sra.
Neneng". Y Neneng era su hermana Saturnina.
Confesamos que, no fuera por las razones arriba indicadas, hubiéramos
rasgado nuestra versión, por ser los primeros en notar que, cuanto hay
de más original y elegante en el tagalo, parece en nuestra versión
lugar común o imitación, sin novedad de estilo.
Véase, p. e., estos versos de la estrofa 285
_Cong ano ang taas n~g pagcadaquila
siya ring lagapac naman cong marapa_
los cuales, en nuestro comentario al cuento _La Tortuga y El Mono_ de
Rizal en 1911, dijimos que eran equivalentes a "Cuanto mayor es la
subida, tanto mayor es la descendida". "De gran subida, gran caída",
refranes--según el Diccionario de la Academia Española--que advierten
que, cuanto más eleva la fortuna a los hombres, suele ser mayor la
caída. Hecha así la traducción, parecerá que los versos tagalos son no
más que versión del refrán español, o del de Claudiano: _Tolluntur in
altum ut lapsu graviore ruant_; pero no es así, porque son tagalos en
pensamiento, giro y expresión: arrancan, por lo menos, desde el
romance de _La Tortuga_, anterior a la conquista, y su moraleja ha
alimentado todos los proverbios sobre la materia. He aquí los
principales:
_Anhin mo ang lan~git na di masasapit
mahan~ga,i, sa lupa na ualang pan~ganib._
(Que harás en el cielo do no se llega;
preferible es la tierra do peligros no hay).
_Caya ipinacataastaas
nang domagondong ang lagpac_
(Por eso se le subió tan alto
para que la caída fuese estrepitosa).
_Magdalita ang niyog
houag magpapacalayog,
cong ang ouang ang omoc-oc,
maoobos pati obod._
(Que sufra el cocotero,
no se suba tan alto,
porque si el abejaruco le roe las entrañas
ni la médula dejarále).
_Mataas man ang pahó
mayangba ang panonobo
ang doso rin ang lalot'
han~ginin ma,i, di maobo_
(Aunque el _pajo_ es talludo
y frondosamente _germina_,
aun así, aventájale el _doso_
porque ni el viento le _descuaja_).
Primera variante
_Mataas man ang pahó
malangba ang pagtobo
ang doso rin ang lalo't
han~gini di maobo._
(Aunque el pajo es talludo
y frondosamente crece,
aun así, aventájale el doso
porque ni el viento le descuaja).
Segunda variante
_Mataas man ang paho
at malago cung tumubo,
ang doso din ang lalo
han~gin ma,i, di maquibo._
(Aunque el pajo es talludo
y frondosamente crece,
aun así, aventájale el doso,
porque ni el viento le _mueve_).
y más particularmente
_Cung saan narapa,i, doon baban~gon_
(Ahí donde cayó de bruces allí se levantará).
La primera muestra data de la conquista; las segunda y tercera son por
lo menos del siglo XVII; el original de la que ha tenido dos variantes
lo trae en 1712 el poeta tagalo D. Felipe de Jesús; la primera
variante es del siglo XVIII, la segunda, del XIX, y la última, quizás
date antes de la conquista, porque revela un modo de ser de la mujer
filipina, que tiene mucho del fatalismo oriental, pues, con amor o sin
amor, cualquier desliz suyo o violencia impúdica que se la haga, p.e.,
un beso a hurto y no consentido, la obliga al sacrificio de casarse
con el hombre a quien no ama, y serle fiel de por vida. Balagtás
recogió el pensamiento de estos proverbios, lo pintoresco de su
expresión y su movimiento particular, dándole forma definitiva
poética, y trascendencia.
Hemos enmendado nuestra versión de 1911 en esta forma
Cual culmine en grandeza
tal tableteará cuando de bruces caiga.