Por eso en sus momentos de oración y de reposo, solían elevar el alma

a Dios y derramar en sus escritos un misticismo no egoista, y una

filosofía _la más alta y más generosa_. A su misticismo vienen de

perlas estas hermosísimas palabras de un crítico, dichas a propósito

del de Santa Teresa de Jesús: "No es misticismo inerte, egoista y

solitario el suyo, sino que desde el centro del alma, la cual no se

pierde y aniquila abrazada con lo infinito, sino que cobra mayor

aliento y poder en aquel abrazo; desde el éxtasis y el arrobo; desde

la cámara del vino, donde ha estado ella regalándose con el Esposo,

sale, porque Él le _ordena la caridad_, y es Marta y María juntamente;

y, embriagada con el vino suavísimo del amor de Dios, arde en amor del

prójimo y se afana por su bien, y ya no _muere porque no muere_, sino

que anhela vivir para serle útil, y padecer por él, y consagrarle toda

la actividad de su briosa y rica existencia".

El disfavor para con estos libros se cifra en sus tejuelos y títulos,

y la preocupación, nada más que preocupación, de que los tales libros

no contienen nada útil para nosotros. Sin embargo, el más

recalcitrante filipinista encontrará en ellos cuanto acaso podría

legitimarle como tal filipinista. En sus páginas se encierran, quizás,

las únicas noticias folklóricas; ingerido en las lecciones, va, a

veces, todo un costumbrero con datos preciosos sobre usos y costumbres

filipinos, y hasta aplicaciones de las leyes consuetudinaria y

escrita, porque en ellas se exponen, precisamente, para reformarlos o

anatematizarlos, y están como vistos con ojos de adversario, y, por lo

mismo, los defectos acusados tienen rigurosa exactitud: corregibles.

A partir de 1882, desde la publicación de _Diariong Tagalog_, inicióse

nuevo rumbo en la literatura tagala, rumbo firmemente trazado y

ejecutado por los _precursores_, pero fuera de lugar aquí; no son

frutos tardíos como los ya citados de la espléndida estación

balagtasiana.

Importantísimo como es lo catalogado, es todavía mayor la importancia

de los manuscritos de la época. Es averiguado que los manuscritos de

la mayoría de los impresos circularon dos o tres años antes de su

impresión. La escasez de impresos, y la ansiedad de lectura por parte

de los naturales hacía que cada cual se procurase copia manuscrita del

impreso de su particular devoción. A esta circunstancia debimos una

copia de la edición de 1853 del _Florante_.

Géneros enteros de literatura de autores anónimos, corrieron

manuscritos de mano en mano, sin imprimirse nunca. Así que el Dr.

Pilápil sugirió la recogida de todos los manuscritos de la _Pasión_ al

autorizar la revisada por él en 1814; así el Dr. Vicente García

tradujo directamente del latín su _Kempis_, por la multitud de

_Kempis_ manuscritos adulterados, que circulaban con daño de la

Religión. De las comedias que, según Fr. José María Ruiz, estaban

"escritas en lenguaje correcto, pero sublime y levantado, más aún que

los corridos", sólo fueron impresas una docena de las mil y tantas que

solazaban a los pueblos y barrios de las provincias tagalas. Apenas

habrá barrio que no cuente con dos o más _originales_ que, con actores

improvisados del mismo barrio, se sacaban a relucir al aire libre, en

sus fiestas de guardar. Sábese de _Joseng-Sisiw_ que sólo él tenía

escritas cosa de un centenar. Y Balagtás mismo, otro tanto, y, a no

ser por el celo de su biógrafo, no conoceríamos hoy extractos de más

de diez comedias de Balagtás. Ni siquiera _La Elección del

Gobernadorcillo_, comedia en prosa en cinco actos, ni la intitulada

_Mariang Makiling_, en nueve actos, con que un personaje del _Noli me

tangere_ quería sustituir las comedias con "reyes de Bohemia y

Granada", fueron impresas.

De los _awits_ y _corridos_, Barrantes sólo pudo coleccionar unos 60,

y estas composiciones tagalas son aún más corrientes y populares que

las comedias. Tampoco se han impreso, a excepción de _La India

Elegante y el Negrito Amante_ de Balagtás, los sainetes o entremeses

que, según el P. Ruiz mencionado, "merecen estudiarse y traducirse al

castellano, y son de tanto interés para la Historia como los mismos

corridos", porque versan sobre costumbres del País, y en ellos los

caracteres están perfectamente descritos; ni tampoco ciertas piezas

características como _duplos, karagatan_, arreglos dramáticos de la

_Pasión_ y las líricas, más o menos extensas, de que ya habíamos

hablado en otros trabajos, y que, por no pecar de prolijos, nos

limitamos a indicar.

Esta ligera reseña de los monumentos literarios prueba que la

evolución de la lengua tagala había sido constante y paralelamente

sostenida, con hermanable alianza lingüística, por españoles y

filipinos, y que, cuando se dio a la luz el _Florante_, la lengua

estaba, como dijo el Dr. Rizal, en _todo su apogeo y magnificencia_.

RASGOS BIOGRÁFICOS

Nació Francisco Balagtás en el barrio de Pan~ginay, del Municipio de

Bigaa, Provincia de Bulacán, el día 2 de Abril de 1788. Sus padres

fueron Juan Balagtás y Juana de la Cruz, naturales del mismo barrio.

Su padre era de oficio herrero, y tuvo por hijos a Felipe, Concha,

Nicolasa y Francisco. A los 11 años de edad, 1799, pasó al servicio de

un acaudalado por nombre Trinidad, en Tondo, Manila, para que, a

cambio de ciertas prestaciones personales domésticas, el amo se

encargase de instruirle y darle educación, como era de costumbre.

Consta en los archivos del Colegio de San José que cursó en 1812, a

los 24 años de edad, _Cánones_; lo que hace suponer que sabría algo de

Humanidades, Teología y Filosofía. Era la época de los grandes

ergotistas.

No se saben a punto fijo sus otros estudios académicos. Pero es

averiguado que, todavía en los escaños de San Juan de Letrán, era ya

persona necesaria para sus camaradas y para la sociedad de Tondo, por

su habilidad métrica. Para las cartas amorosas, billetes de invitación

de todo género, los renglones cortos y muy historiados eran como las

palomas mensajeras del _lacrimae rerum_ de la época. Era, pues, todo

un _ladino_ a quien daban cierto prestigio sus rudimentos de Derecho

Romano y cierta práctica que había adquirido en los tribunales de

justicia. Aunque no anduviese sobrado de dineros, viviría entonces con

cierto ensanche y desahogo.

Tuvo por profesor al célebre Dr. Mariano Pilápil, que a su fama de

brillante latinista unía el de ser autor de varios opúsculos

religiosos en tagalo: era el censor eclesiástico que autorizó la

publicación de la popular _Pasión_ en 1814. Enamoróse primeramente de

una llamada Lucena, preciosilla muchacha del distrito de Gagalan~gín,

Tondo; y luego, de otra apodada _Bianang_, no menos preciosilla, según

fama, del barrio de su residencia, en Tondo.

Hacía sombra, sin embargo, el que pasaba por rey de los poetas

entonces, _Joseng-Sisiw_ (José, el del Pollo), porque, si no era como

el enfermo de Rute que se comía los pollos piando, tenía la maldita

costumbre de hacerse pagar con sendos pollos sus correcciones

rítmicas, y Balagtás, manso y dilecto discípulo suyo y hermano en las

musas, se las tuvo tiesas con él cierta vez, negándose a dar la

subvención de costumbre, y, ¡claro!, rompieron, con dichoso

rompimiento, porque desde entonces Balagtás quiso correrlas

poéticamente por riesgo y cuenta propia.

En 1835-36 pasó a vivir en Pandacan, en la residencia de Pedro Sulit,

que distaba solamente como una cuerda de caza del embarcadero de

Pandacan. Pandacan fue siempre pueblo de artistas, especialmente de

músicos. Vestía Balagtás a la moda de entonces; camisa de cantón crudo

o piña calada de Hagonoy, y pantalón de seda tejida en Balíuag, de la

clase "tatapisin". A juzgar por la ofrenda _A Celia_, una dulceneilla,

que responde a las iniciales M.A.R., hirió con mal de amores a

Balagtás. Estas iniciales eran, sin embargo, equívocos de los de María

Asunción Rivera, hija de Pandacan, y de los de Magdalena Ana Ramos, de

Laguna; pero la tradición de los hijos resuelve el equívoco a favor de

María Asunción Rivera, porque _Celia_, decían, era precisamente el

apodo de María.

Su mala estrella quiso que tuviese por rival a un cacique del lugar,

que le hizo prender y asegurar en la cárcel de Pandacan. No se sabe

cuánto tiempo estuvo en esta cárcel, pero en 1838 partió de Pandacan,

y pasó a vivir en Manila, donde, en el mismo año, sacó a luz la

primera edición de su _Florante_. Las alusiones del poema demuestran

que la deidad a quien consagró su poema era Celia, pero no se sabe

cuándo escribió el poema, ni en dónde; si en la cárcel, o fuera de

ella.

Lo acabado de su factura, sin embargo, y el aviso al lector de no

tocar verso alguno de su poema, cosa que no hizo por ninguna otra

poesía suya, hace creer que tuvo por pretexto únicamente las jornadas

más o menos angustiosas de su vida, pero que su mal de amores no fue

de los únicos, ni de los que calan huesos. Tal vez el amor propio que,

a fuer de egregio poeta, teníalo grandísimo; tal vez los malditos

celos y el cebo de toda fruta del cercado ajeno, pues Celia casóse con

Mariano Capuli, fueran los impulsos iniciadores. Como que el poema es

de una serenidad ática, tan finamente cincelado, tan bien pensado, y

conciertan en él de una manera tan singular el genio y el talento que

no pierde detalle el más nimio de la vida humana, obra, en fin, de la

madurez de un poeta a la edad de 50 años, circunstancias todas que no

dicen bien con los tumultos de una pasión borrascosa. Si sintió alguna

pasión, con la publicación de su poema se habría curado enteramente

como Goethe.

En 1840, pasó a Bataan como auxiliar de un Juez de residencia. Quedóse

allá, y fue a su vez auxiliar del escribano, D. Víctor Figueroa,

posición que le daba vagar bastante para ir visitando los pueblos de

la provincia. En una de sus visitas a Orión, trabó conocimiento con

Juana Tiambeng, mujer de calidad y hermosa, y con quien casó el 22 de

Julio de 1842. Ya era entonces Balagtás huérfano de padre y madre. En

Orión llegó a desempeñar los cargos de _teniente primero_ y _juez de

sementeras_.

En 1856, o 57, fue sometido a un proceso, por mandar rapar la cabeza

de una criada de un rico de Orión, llamado _Alférez Lucas_, y, de sus

resultas, condenado a cuatro años de prisión, de la que seis meses

extinguió en la cárcel de Balanga, y el resto, en Bilíbid. Salió de

Bilíbid en 1860. Sus numerosos amigos y padrinos dulcificaron un tanto

su desgracia y consiguieron minorar las incomodidades de una cárcel

como Bilíbid. Proceso y prisión consumieron el saneado caudal de su

mujer; así que hubo de recurrir nuevamente a su pluma para vivir.

Hubo de su mujer, en 20 años próximamente de matrimonio, 11 hijos:

siete murieron antes de 1906: tres varones y cuatro mujeres: a saber,

Marcelo, Juan, Miguel, Josefa, María, Marcelina y Julia; y vivían

cuatro: Ceferino, Víctor, Isabel y Silveria.

Francisco Balagtás murió el 20 de Febrero de 1862, a los 74 años de

edad. Su viuda casó en segundas nupcias con otro viudo, pero pronto

volvió a enviudar. Murió el día 2 de Diciembre de 1899.

De sus hijos, Ceferino es algo poeta; y los otros, como buenos

tagalos, son aficionados a la poesía, y guardan en la memoria

estancias enteras de su padre. Víctor fue el autor de las correcciones

del ejemplar que editó en 1906 el Sr. Cruz, a cuyo celo débense estos

datos biográficos. De los parientes de Balagtás en Bigaa, Macario

Adriático da testimonio de que un primo de Balagtás, José, sin saber

escribir, es autor de _Buhay ni Magdalena, Buhay ni Adan at Eva,

¡Magdarayang Bayan!_ y de una porción de versos de ocasión, y que

improvisó en su presencia unos cuartetos parecidos a los de príncipe

de los ingenios filipinos, y sobre un tema imaginado por el mismo

académico.

Además del _Florante_, Balagtás escribió numerosísimas comedias,

_kumintangs, kundimans_ y mil poesías de circunstancias, pero ninguna,

excepto _Florante_, publicó en vida. Algunas se conocen hoy, merced al

celo del Sr. Cruz que publicó extractos. Hé aquí algunas de ellas:

_Mahomet at Costanza_.

_Almanzor y Rosalina_ (dícese que su

representación duró 12 días en 1841).

_Abdal y Miserena_, representada en Abucay

en 1859.

_Orosman at Zafira_.

_Don Nuño y Zelinda_, o la desgracia del

amor en la inocencia.

_Auredato y Astrone_, o la fidelidad de una

mujer.

_Clara Balmori_, o el sitio de Rochela.

_Bayaceto y Dorlisca_.

_Nudo Gordiano_.

_Rodolfo y Rosamunda_.

_La India Elegante y el Negrito Amante_

(sainete casi bilingüe).

Si descartamos de estas piezas los nombres extraños de los personajes,

alguno que otro alarde de ufanía versificadora y ciertas sutilezas de

amor un tanto metafísicas como en _Abdal y Miserena_, dichas piezas

son dramas en donde los caracteres se levantan con relieve fascinador.

Los caracteres femeninos, el de Dorlisca, por ejemplo, son de las

hijas de Filipinas: unas morenas de esas que a lo mejor pasman al

perdidizo viajero por esos barrios tagalos, que naturalmente se visten

con elegancia, hablan con discreción, ingenuas, llenas de gracia, de

pudor y con aquella vergüenza filipina que tanto llamó la atención del

poeta Salvador Rueda, guapas de todas veras, y, sin embargo, con un

alma capaz del mayor sacrificio, porque tienen la robustez moral de

las heroinas, y que, una vez vistas, ya no se olvidan jamás.

En el sainete _La India Elegante ..._, cuantos intervienen son

filipinos de carne y hueso, tipos de una especie de rastacuerismo

cospomolita y lugareño, de color local y palpitante de vida. La

malicia socarrona y el humorismo francote, tal vez, algo plebeyo,

propio de monteses y de los de la hez urbana, regateadores y

cicateros, están sacados de la realidad, y sólo podría reproducirlos

quien, como Balagtás, tenía los ojos muy abiertos al espectáculo de

los mercados, y era zahorí para ir y venir con desembarazo por las

encrucijadas bituminosas del alma. ¡Cómo siente aquel infeliz aeta de

_Capitang Toming_! ¡Cuánta poesía realista!

Si Balagtás no hubiese escrito el _Florante_ bastarían estas piezas

para ponerle a la cabeza de los dramaturgos filipinos. Prueban la

fecundidad de su numen poético. Ningún personaje viene repetido en

ellas. Se ha dicho que la fecundidad cual la de la naturaleza, y el

despego a las propias obras, sin más lote de vida que el ir creando, y

creando sin agotarse, son signos distintivos del genio. Si es así,

Balagtás tiene tales señales.

Ciertamente escribió más de un centenar de dramas que se representaron

en todas las provincias talagas, en la mayoría de los casos,

adulterados y no como salieron de las manos de su artífice; sin nombre

de autor y por actores cogidos a lazo en el lugar mismo de cada

representación al aire libre; sin intromisiones de los del oficio que

conspiraran e intrigaran para sacar a flote sus piezas, y, sin

embargo, el pueblo acudía a presenciarlos en masa, (ese pueblo que no

entiende de géneros, de disputas e imposiciones de taller, ni de celos

de autores) y aplaudía, porque autor, actores y pueblo se sentían

unos, y como si fueran los mismos protagonistas del drama. Algo,

pues, debían de tener estos dramas de un interés profundamente humano,

o de sentimientos y modos de ser del pueblo, para quien se

escribieron, puestos de resalto por el dramaturgo, para que tal

pueblo, no una vez, sino todas las veces, se reconociese en el espejo

y se complaciese. Y repetimos, ninguno de esos dramas imprimió

Balagtás.

Tal es la experiencia escénica de Balagtás, tal su fecundidad en la

creación de caracteres y tal su facilidad en versificar que Ponce, en

_Efemérides Filipinas_, cuenta la siguiente anécdota: "El poeta reunió

a los actores; les explicó el argumento que se le ocurrió en aquel

momento, y en seguida ordenó que empezase la función; desde la concha

del apuntador indicaba qué personaje o personajes debían salir, a los

que apuntaba sus papeles respectivos, consiguiendo así sacar en

conjunto una pieza completa, en que no faltaba ni el _bubo_ o bufón

que hacía desternillar de risa. Conseguía, de ese modo, producir ya

escenas tan interesantes y tan llenas de vida y de realidad que

dejaban al espectador hondamente conmovido; ya situaciones cómicas

llenas de malicia y de intención". Añádese a esto la comedia _Almanzor

y Rosalina_, cuya representación duró doce días mortales, y se tendrá

una idea de la fecundidad y facilidad del poeta. No gustan menos sus

elegías amatorias (_kundiman_); ni sus cartas, o lecciones morales en

verso, ni su oda bizarra, pindárica, con _os magna sonaturum_, una

garrida criolla poética, dedicada a Isabel II.

Era un rápsoda que se movía incansable de una provincia a otra,

viéndose en sus recaladas siempre sitiado por los poetas, y derramando

a manos llenas humorismo picante y la sal de sus ocurrencias. En

Bulacán tuvo por amigos a grandes tagalistas de la provincia, centro

del tagalismo entonces y academia viviente refrenadora de los ímpetus

y demasías de los poetas salidos de seso. En los anatemas contra el

hiperbolismo y escasa propiedad de los poetas de entonces, no era

Balagtás de los que se mordían la lengua, y se desataba

humorísticamente, con gracia tagala, contra los malos poetas: "_Hindî

lan~git ang catapat n~g pusalì cundî batalan_", aguda sátira que más

de una vez solía aplicar a aquellos poetas tagalos que hacían pasar

por proverbio _ang catapat n~g pusalì ay lan~git_, con que indicaban

que un poeta, sin ser un Paris, sino un adefesio y hasta carituerto,

podía hacer _pendant_, y casarse con la mayor naturalidad del mundo,

con una Helena o con la misma Dulcinea del Toboso, real y practicable.

He aquí otra anécdota que retrata gráficamente a nuestro poeta en lo

más fulminante de sus improvisaciones: "El bueno de Quicong Balagtás

(decíanos un día el más grave y docto de nuestros jurisconsultos, que

conoció al poeta en Trozo, Tondo), vestía a la usanza de la tierra:

camisa chinesca; del cuello de la camisa pendía un cordoncillo que

lucía por dije un palito hecho de cuerno de caraballa. Era mascador

aguerrido del aromático betel. Tenía los dientes grandes y ralos, y,

mientras ruidosamente improvisaba estancias, esgrimía su estoque de

cuerno, dándose bruscas lanzadas en las rendijillas de los dientes, y,

a la par que las divinas estrofas, sus labios, como Taal en erupción,

iban lanzando al espacio granos de bonga embermellenados con betel y

cal".

Del carácter íntimo del hombre nada se sabe: parece optimista por las

pruebas exteriores. Sus héroes, en el último trance, suelen parar en

bien. Pero en la soledad, y cuando su ingenio no era provocado, ¿sería

también el mismo hombre humorista, o un contemplativo profundamente

serio y sincero, en diálogo continuo consigo mismo y con los seres que

le bullían en la imaginación y esperaban que él les infundiera el

soplo de vida?

Hombres como Balagtás no son de los clasificables en ningún servicio

civil. Tienen dentro un fuego devorador que les mata, pero que carece

de humo y aparato de alarma. Ciertos sucesos de la vida del poeta,

como sus dos encarcelamientos; su exhibicionista carrera aparentemente

triunfal por las tablas y su posición social misma, inferior a su

talento, con las humillaciones inherentes, debieron dar rudos golpes a

su orgullo, y mortificarle con una intensidad digna de él, que conocía

como nadie el ridículo y la ironía en las cosas. ¿Para qué entonces

sería el genio si valiera más no tenerlo? Acaso por consideraciones

semejantes es porque, a las puertas de la muerte, confió a su mujer

este desahogo de su corazón lacerado: "no permitas que nuestros hijos

escriban nunca versos; córtales las manos si llegan a seguir mi

ejemplo".

¡Míseros genios! No saben que su don es gratuito como la gracia

divina, y que no depende ni de su voluntad ni de su carácter: tan

preciosa dádiva tiene una misión que cumplir en la tierra, y la

cumplirá fatalmente: es como el Samuel Beli-Beth de la Pasión Tagala y

del _Sa Martir n~g Golgota_: inmortal en esta vida, pero condenado a

errar por el mundo, y a llorar la destrucción de Jerusalén.

FLORANTE, NOLI, PRECURSORES Y TRADUCTORES

La estructura del poema es una concesión a la moda de la época, pero

reducidos los anacronismos a su mínima expresión. Florante hállase

atado al tronco de una higuera de un bosque fantástico; en su

imaginación se agolpan los sufrimientos de su patria, el cariño de su

padre y su amor a Laura; dos leones llenos de saña se precipitan sobre

él para devorarle, y Aladín, como un rayo, acuchilla y mata a las

fieras. Florante y Aladín hacen muy buenas migas entonces, y se

cuentas sus respectivas vidas, azarosa a cual más. Flérida, que busca

a Aladín, sorprende a Adolfo, que trata de violar a Laura en el

bosque, y le mata, indignada, de un saetazo. Florante y Aladín,

atraídos por el rumor de las voces de Laura y Flérida, acuden prestos,

y aquí de la agnición. Menandro, que acaba de restaurar el orden en

Albania, insurreccionada por Adolfo para hacerse con la corona del rey

Linceo, padre de Laura, y casarse con ésta, buscando a Adolfo, llega a

recalar por ahí, y la alegría entonces no hay para qué decirla.

Regresan, al fin, todos a Albania y los dos amantes, Florante y Laura,

son proclamados soberanos del imperio y hacen feliz a su pueblo. Tal

es el esqueleto del poema. Cómo el poeta lo revistió de carne y de

formas hechiceras para que, desde su aparición, Balagtás fuera el

poeta nacional, y proclamado así por los personajes del _Noli_ y, de

manera indirecta, por la heroina de _Urbana y Felisa_, lo iremos

diciendo.

El hecho es que los párrocos españoles, cuya enemiga a los corridos es

bien conocida, hacían excepción del _Florante_. El descontentadizo

filólogo Fr. Toribio Minguella también hacía excepción del poema y

decía que "hay allí rotundidez, limpieza de frase". Y cómo el calor

del entusiasmo se comunicó a los catedráticos españoles de literatura,

Adriático lo cuenta así: "Un ilustre catedrático de literatura en la

Universidad de esta capital varias veces encargó a los más aventajados

de sus discípulos la versión en castellano de esa notabilísima obra

tagala, porque muchos curas de pueblos tagalos le habían ponderado las

grandes bellezas literarias de la obra; pero, a pesar de muchos

esfuerzos, no se consiguió ninguna traducción aceptable; porque

desaparecía casi por completo el mérito intrínseco de la obra".

Concierto y pío tan general obedece a que, en _Florante_, lo

anacrónico se reduce a los nombres de personas, lugares, armadura del

guerrero y leones, pero el contenido histórico es tan histórico como

el del _Noli me tangere_, y con lo que Rizal requiere del género:

"pintura de nuestras propias costumbres, para corregir nuestros vicios

y defectos y ensalzar las buenas cualidades".

La erudición de Balagtás, especialmente su helenismo, es de lo que

haría sonreir hoy a cualquier irreflexivo estudiante de literatura. Y

lo más extraño es que el gran poeta no quiere que se den al raspadillo

sus versos donde retozan los nombres mitológicos, e invita al lector a

que lea sus glosas sobre los tales nombres. Balagtás, pues, no se ha

librado del defecto común en los grandes poetas y escritores

espontáneos, de tomar por óptimo aquello que más fatiga les costó y

que en ellos solían ser sus alifafes eruditos.

Debe decirse en descargo de Balagtás que, dada la época y la falta de

medios entonces, cuando los modelos socorridos eran Plauto y Terencio

disfrazados, época en que toda tradición poética tenía que andar a

greñas con la gerga escolástica de los ergotistas, o con la curialesca

de los _plumarios_, su helenismo no es de los que se improvisan con el

barato auxilio de los Manuales y de las Poéticas. Su tesoro, exiguo

cual es, vendría a ser para él a manera del codiciado tael de oro, que

representaba, para el primitivo minero filipino, angustioso

desbastamiento, con las manos, de sendos bloques de cuarzo. No lo

había recibido por vía de dádiva, sino recogiéndolo, como hacía

Virgilio, del estercolero de los poetas contemporáneos. Por ésto,

Balagtás suele cerrar sus glosas con la frase _según los poetas_. En

su época la mayor suma de helenismo escrito en lengua tagala era la

exposición y análisis de la teogonía griega en el _Barlaan y Josafat_,

hecha por el falso profeta Nacor, para sacar a la vergüenza pública

los crímenes de los doce dioses mayores del Olimpo, con el caritativo

propósito de hacerlos odiosos y no amables, sin que escapen de la

razzia fanática las castas musas.

Florante Versión castellana del poema tagalo con un ensayo crítico · 第 4 / 8 段