II

Cuando Teobaldo dejó de percibir las pisadas de su corcel y se sintió

lanzado en el vacío, no pudo reprimir un involuntario estremecimiento

de terror. Hasta entonces había creído que los objetos que se

representaban á sus ojos eran fantasmas de su imaginación, turbada por

el vértigo, y que su corcel corría desbocado, es verdad, pero corría,

sin salir del término de su señorío. Ya no le quedaba duda de que era

el juguete de un poder sobrenatural que le arrastraba sin que supiese

á dónde, á través de aquellas nieblas obscuras, de aquellas nubes de

formas caprichosas y fantásticas, en cuyo seno, que se iluminaba á

veces con el resplandor de un relámpago, creía distinguir las

hirvientes centellas, próximas á desprenderse.

El corcel corría, ó mejor dicho nadaba en aquel océano de vapores

caliginosos y encendidos, y las maravillas del cielo ro comenzaron á

desplegarse unas tras otras ante los espantados ojos de su jinete.

Legends, Tales and Poems · 第 96 / 145 题