XI

Cuando recobrando el ánimo, abrió los ojos un instante para arrojar en

torno suyo una mirada inquieta, se encontró lejos, muy lejos de

Montagut, y en unos lugares, para él completamente extraños. El corcel

corría, corría sin detenerse, y árboles, rocas, castillos y aldeas

pasaban á su lado como una exhalación. Nuevos y nuevos horizontes se

abrían ante su vista; horizontes que se borraban para dejar lugar á

otros más y más desconocidos. Valles angostos, erizados de colosales

fragmentos de granito que las tempestades habian arrancado de la

cumbre de las montañas, alegres campiñas, cubiertas de un tapiz de

verdura y sembradas de blancos caseríos; desiertos sin límites, donde

hervían las arenas calcinadas por los rayos de un sol de fuego; vastas

soledades, llanuras inmensas, regiones de eternas nieves, donde los

gigantescos témpanos asemejaban, destacándose sobre un cielo gris y

obscuro, blancos fantasmas que extendían sus brazos para asirle por

los cabellos al pasar; todo esto, y mil y mil otras cosas que yo no

podré deciros, vió en su fantástica carrera, hasta tanto que envuelto

en una niebla obscura; dejó de percibir el ruido que producían los

cascos del caballo al herir la tierra.

* * * * *

I

Nobles caballeros, sencillos pastores, hermosas niñas que escucháis mi

relato, si os maravilla lo que os cuento, no creáis que es una fábula

tejida á mi antojo para sorprender vuestra credulidad; de boca en boca

ha llegado hasta mí esta tradición, y la leyenda del sepulcro[1] que

aún subsiste en el monasterio de Montagut, es un testimonio

irrecusable de la veracidad de mis palabras.

[Footnote 1: la leyenda del sepulcro. See p. 140, note 1.]

Creed, pues, lo que he dicho, y creed lo que aún me resta por decir,

que es tan cierto como lo anterior, aunque más maravilloso. Yo podré

acaso adornar con algunas galas de la poesía el desnudo esqueleto de

esta sencilla y terrible historia, pero nunca me apartaré un punto de

la verdad á sabiendas.

Legends, Tales and Poems · 第 95 / 145 题