VII

Teobaldo iba delante de todos. Su corcel, más ligero ó más castigado

que los de sus servidores, seguía tan de cerca á la res, que dos ó

tres veces, dejándole la brida sobre el cuello al fogoso bruto, se

había empinado sobre los estribos, y echádose al hombro la ballesta

para herirlo. Pero el jabalí, al que sólo divisaba á intervalos entre

los espesos matorrales, tomaba á desaparecer de su vista para

mostrársele de nuevo fuera del alcance de su armas.

Así corrió muchas horas, atravesó las cañadas del valle y el pedregoso

lecho del río, é internándose en un bosque inmenso, se perdió entre

sus sombrías revueltas, siempre fijos los ojos en la codiciada res,

siempre creyendo alcanzarla, siempre viéndose burlado por su agilidad

maravillosa.

Legends, Tales and Poems · 第 92 / 145 题