IV

Teobaldo era hombre de hacer lo que decía. El sacerdote, sin embargo,

se limitó á contestarle:--Haz lo que quieras, pero ten presente que

hay un Dios que castiga y perdona, y que si muero á tus manos borrará

mis culpas del libro de su indignación, para escribir tu nombre y

hacerte expiar tu crimen.

--¡Un Dios que castiga y perdona! prorrumpió el sacrílego barón con

una carcajada. Vo no creo en Dios, y para darte una prueba voy á

cumplirte lo que te he prometido; porque aunque poco rezador, soy

amigo de no faltar á mis palabras. ¡Raimundo! ¡Gerardo! ¡Pedro! Azuzad

la jauría, dadme el venablo, tocad el _alali_ en vuestras trompas, que

vamos á darle caza á este imbécil, aunque se suba á los retablos de

sus altares.

V

Ya después de dudar un instante y á una nueva orden de su señor,

comenzaban los pajes á desatar los lebreles, que aturdían la iglesia

con sus ladridos; ya el barón había armado su ballesta riendo con una

risa de Satanás, y el venerable sacerdote, murmurando una plegaria,

elevaba sus ojos al cielo y esperaba tranquilo la muerte, cuando se

oyó fuera del sagrado recinto una vocería horrible, bramidos de

trompas que hacían señales de ojeo, y gritos de _¡Al jabali!--¡Por Zas

breñas!--¡Hacia el monte!_ Teobaldo, al anuncio de la deseada res,

corrió á las puertas del santuario, ebrio de alegría; tras él fueron

sus servidores, y con sus servidores los caballos y los lebreles.

Legends, Tales and Poems · 第 90 / 145 题