III

Un día en que salió de caza, y que, como era su costumbre, hizo entrar

á guarecerse de la lluvia á toda su endiablada comitiva de pajes

licenciosos, arqueros desalmados y siervos envilecidos, con perros,

caballos y gerifaltes, en la iglesia de una aldea de sus dominios, un

venerable sacerdote, arrostrando su cólera y sin temer los violentos

arranques de su carácter impetuoso, le conjuro en nombre del cielo y

llevando una hostia consagrada en sus manos, á que abandonase aquel

lugar y fuese á pie y con un bordón de romero á pedir al Papa la

absolución de sus culpas.

--¡Déjame en paz, viejo loco! exclamó Teobaldo al oirle; déjame en

paz; ó ya que no he encontrado una sola pieza durante el día, te

suelto mis perros y te cazo como á un jabalí para distraerme.

Legends, Tales and Poems · 第 89 / 145 题