Copio lo siguiente de una receta que se han dignado facilitarme:
«Se toma medio kilo de arena (esto es sin duda una equivocación del
original, pues debe decir «harina»). Se deslíe con tres huevos y seis
yemas (que vienen á ser nueve yemas y tres claras), un poco de limón ó
de naranja de la época actual, medio cuartillo de nata (sin flor), otro
medio de jugo lácteo de ubre de vaca conservadora y cien gramos de
azúcar en dulce. Se pone todo á coser (otra equivocación: debe decir
cocer, porque en esto no caben costuras). Cuece diez monitos (léase
minutos); y espesada la crema, se extiende sobre una moza (debe ser
«mesa») de mármol espolvoreada de harina, dejándola del grueso de una
pulga (indudablemente es «pulgada»).
En cuanto la musa (debe ser la «masa») se ha quedado fría (para lo cual
basta sorprenderla con una noticia desagradable), se corta en pedacitos
que se arrullan (será que se arrollan) entre las manos. Se echan á freír
en aceite de cerdo ó manteca de olivas (esto debe de estar tergiversado)
y se espolvorean con azúcar bien mullida (¿será molida?), con lo cual
quedan ya los pedazos en disposición de comerse.» ¿Unos á otros? No.
Querrá decir que quedan en disposición de ser comidos, pero esto es
innecesario consignarlo, porque ¿á qué otro uso puede dedicar ningún
cristiano los buñuelos de crema?