EPIGRAMA

Contaba Cucufate de Avendaño

que nada en este mundo le hace daño.

--Ayer (decía), en el café de Prada,

me tomé un chocolate con tostada,

y detrás me di un baño.

--¿_Detrás_ se lo dió usted, don Cucufate?

¡Buen tamaño tendría el chocolate!

¡VALIENTE TORTILLA!

Hay en esta capital

una taberna indecente,

por delante de la cual

paso yo frecuentemente,

y tiene un escaparate

donde hay pájaros muy tiesos,

habichuelas con tomate,

bacalao y otros excesos.

Y así como observo bien,

si voy por aquella acera,

que cambia en un santiamén

los platos la tabernera,

me pasma y me maravilla

el ver que nunca jamás

renueva cierta tortilla

que está allí entre lo demás.

Y no hay que decir que cada

día es una diferente.

Siempre está allí colocada

la misma precisamente,

¡la misma! y lo afirmo yo,

porque conserva en un lado

tres motas negras (que no

son trufas, por de contado).

Al verla, ni aun se entusiasma

el que tenga hambre canina.

¡Si aquello es una boína

con aires de cataplasma!

¡Qué tortilla, San Ramón!

Yo afirmo con seriedad

que es la representación

de la inamovilidad.

Siempre en su sitio la veo

tan lacia, tan escurrida,

y con un color tan feo

y tan cariacontecida!...

No son exageraciones:

suda en llegando el estío,

y le salen sabañones

así que comienza el frío.

Quien la compre la ha de hallar

tan seca como mi abuelo,

y la tendrá que afeitar,

porque hasta va echando pelo.

En fin, ¿queréis verla? Está

muy fina conmigo, pues

tanto me conoce ya

de verme un mes y otro mes,

que al pasar yo por orilla

de la tabernucha aquella,

me saluda la tortilla

y yo la saludo á ella.

¿Y á hacerlo así me someto

porque es una dama? No.

La saludo con respeto

porque es más vieja que yo.

Cocina cómica: Recetas de guisos y postres, poesías culinarias, y otros excesos · 第 62 / 118 题