LOMBARDA Á LA POLONESA

No es preciso hacer mi viaje á Lombardía para obtener la col que sirve

de base á este plato. Basta con quedarse un poco más acá; verbigracia,

en la plaza de la Cebada.

Una vez comprada la lombarda y después de pagársela religiosamente á la

verdulera, se la echa el cuchillo (á la col) y se la separan las hojas

duras y el grosero troncho. Se la da un baño de asiento y se la corta en

hilos.

Se la pone á hervir con toda franqueza, y con agua _salá_, durante cinco

minutos. Se escurre el agua (ni más ni menos que un deudor listo) y se

deposita la lombarda en una modesta pero honrada cacerola de barro,

agregando trocitos de patata, manteca de cerdo en liquidación, vino

tinto, sal y pimienta, jugo del tercer enemigo del alma y un poco de

manteca de vacas festivas. Cuece todo ello (porque no tiene más remedio

que cocer y aguantarse), durante una hora, y con la cacerola cubierta

para mayor baldón. Cuando va á servirse el plato, se le coloca

alrededor, guarneciendo á la col y á su acompañamiento, unas apreciables

salchichas de yankee ó morcillas traspirenaicas, y resulta uno de los

manjares más dignos de aplauso y aun de veneración que en mesa alguna

puedan presentarse.

¿Que por qué se llama Lombarda á la Polonesa? ¡Vaya usté á saber! Quizá

lo inventaría la Polonia, una cocinera muy gorda y muy chata que tuvo mi

abuela cuando Calomarde galleaba.

Cocina cómica: Recetas de guisos y postres, poesías culinarias, y otros excesos · 第 41 / 118 题