QUESO DE CERDO...

Para confeccionar este plato (que figura en el gremio de los fiambres

fríos) hay que imitar á los toreros en dos cosas: hay que _salir por

pies_ y hay que _obtener orejas_. Expliquémonos.

Es preciso comprar pies y orejas de cerdo (con perdón). ¿Cuánto? Un kilo

de cada cosa. Se limpian con esmero y con agua sin jabón, y se cortan en

tiras despiadadamente. Aparte de esto se cortan dos kilómetros de

tapadera de vaca, otro kilo de magro de cerdo, una libra de jamón

(también de cerdo) y otra de tocino fresco (íd. íd.). Todas las

anteriores carnes van á parar á una vasija de porcelana, en la cual, por

si era poco lo indicado, se agregan tres libras de hígado de cerdo

limpio, cortado en pedacitos, sal y pimienta sin cortar, nueces de

mosca, dos cebollas lavadas y peinadas, dos copas de vino de gallina,

cinco huevos de Jerez, 50 metros de harina en polvo y un vaso de grasa

de carne diabólica. Se imprime á todo esto un suave movimiento de

rotación (porque el de traslación al estómago no viene hasta después) y

así queda compuesta lo que llaman los cocineros la _marea_ del queso,

que, por lo visto, es capaz de marear al verbo. Para poner el queso en

el molde y cocerlo, hay que armarse de paciencia y de otras muchas

cosas, entre ellas de molde.

Previamente untado con manteca, se le coloca una capa, ó si se quiere

una makferlan de pasta; encima unas tiritas de jamón, tocino y lengua

viperana de cerdo; sobre esto una nueva capa y sobre ella nuevas tiras,

hasta que el molde resulte lleno y el queso abrigadísimo.

Deberá hacerse esto para que, al ser cortado, el queso de cerdo tenga

una excelente vista. Y si aun así no se logra que tenga excelente vista,

se añaden á los demás ingredientes unas buenas gafas.

Lleno el molde, es necesaria una plancha; no de las que hacemos todos á

lo mejor, ni de las que usan las planchadoras, sino una plancha de zinc.

Sobre ella se le coloca al molde, rogándole que esté con juicio durante

su permanencia dentro del horno, que será de cuatro horas. Mientras

cuece el queso se le rociará con la misma grasa que suelta, murmurando

al hacerlo cualquier salmo á propósito.

Ya cocido y fuera del horno, hay que poner el queso bajo un peso de

media arroba, á fin de servirlo bien prensado. Dicho peso puede ser

mayor, si se quiere. Por ejemplo, si hay algún canónigo que se preste á

permanecer un par de horas sentado sobre el queso mediante una

gratificación, se le podrá utilizar desde luego.

Antes de servir este plato se corta en lanchas y rodeado de gelatina de

carne, se coloca en una fuente y se pone encima de la mesa, nunca

debajo. ¿Qué resta? Comerlo, chuparse la mayoría de los dedos y hacer

una buena digestión, que es lo que á todos deseo. Amén.

Cocina cómica: Recetas de guisos y postres, poesías culinarias, y otros excesos · 第 39 / 118 题