CIVET DE LIEBRE

Se coge una liebre. (No aludimos al batacazo.) Se la mata como se pueda,

bien á golpes ó bien á disgustos. Se murmura de ella hasta que se la

haya quitado el pellejo completamente, y después de sacarla del interior

los intestinos y otras frioleras, sin desperdiciar la sangre, se la

parte en diez pedazos y se incrusta en ellos á trocitos, ya tocino de

cerdo, ya jamón del mismo coleóptero.

Se prepara con manteca una cacerola, poniéndola á fuego fuerte, y cuando

está como el corazón de mi nena, se echa la liebre á rehogar, cosa que

no deja de causarle molestia, y mucho más cuando se le añade pedazos de

una cebolla grande, más una zanahoria vegetal y un nabo del mismo reino,

laurel, tomillo, órgano (ú orégano), nuez amoscada y pimienta sin

amoscar. Á todo ello se le da movimiento y se le obsequia con media

botella de vino tinto ó blanco. Reducido el líquido á la mitad, se le

propone á la liebre una retirada honrosa y se aleja del fuego.

Aún hay más. Se coge el hígado de la liebre, se fríe sin contemplación,

y se machaca en un mortero huérfano. Se le añade á la pasta resultante

la inocente sangre del animalito

más un poco de harina

y dos vasos de caldo de gallina,

y con todo ello mezclado, se abriga bien á la liebre, que entra en fuego

en segunda instancia, hasta que logre hervir un par de veces más por si

le había parecido poco la primera. Ultimamente se le agrega una copa de

ron ó coñac y 25 kilómetros de manteca de vacas. Y ya no se hace más.

¡Ah! sí; se sirve la liebre rodeada de triángulos de pan frito, que la

alegran mucho.

Si alguno de los pedazos de la liebre se inquietase en el vientre

recordando su pasada ligereza, no hay más que esperarla á la salida con

una escopeta, y... ¡cataplum!

Cocina cómica: Recetas de guisos y postres, poesías culinarias, y otros excesos · 第 31 / 118 题