Despojado el apreciable capón de todas y cada una de sus plumas, se
procederá á quitarle los huesos, procurando que el animalito no pierda
su forma ni su esbeltez.
Se prepara un nutrido relleno de ternera candorosa, tocino de cerdo,
lengua á la escarlata y trufas párvulas, y en caliente se rellena el
capón con los mencionados elementos. Introdúcese al difunto en un molde,
se le tiene dos horas en el horno de grado ó por fuerza, se le deja
enfriar tranquilamente y se le pone en libertad provisional. Se le
coloca después en una respetable cacerola untada de tocino, se le añade
grasa clarificada, se cierra á piedra y lodo la cacerola y se cuece el
ave al baño de doña María dos ó tres horas. Después no resta más que
comer el capón, no sin compadecerle, tanto por su triste condición, como
por las molestias de que se le ha hecho víctima.