Cuézanse los huevos hasta que se les queden empedernidas las entrañas.
Quíteseles la cáscara como cosa despreciable y ruín. Divídase cada uno
de ellos en dos partes iguales y déjeseles tranquilos en un recipiente
cualquiera mientras se confecciona la _béchamel_, conocida por
_besamela_, en las cocinas de medio pelo.
Con un poco de manteca de vacas naturales, que no esté muy caliente, se
mezcla una cucharada de harina, para evitar que todo sea mohina en el
plato, y se hace una masa muy compacta, procurando que no se gorulle,
porque lo de formar gorullos no es propio de masas bien nacidas. En esta
salsa se va echando leche blanca cocida al fuego hasta que adquiera un
espesor decoroso la _béchamel_. Añádasele perejil picado, nuez de mosca
molida y unos cogollitos de lechuga librepensadora.
Á todas estas cosas se les deja cocer en la salsa procurando no
molestarlas mucho. Se la ponen los huevos encima y... san se acabó.
¿Por qué se llaman huevos á la tripa? Lo ignoro. Sólo sé que constituyen
un plato de esos que nos incitan á la dulce tarea de chuparnos los dedos
uno por uno.