Fantasia sobre motivos de una receta del insigne cocinero Mr. Domenech,
para seis comensales.
Ante todo se arma uno de paciencia y de acederas para hacer una especie
de cataplasma, que se compondrá de 60 hojas «cosidas» (cocidas debe
decir, porque si no resultaría un folleto). «Se pondrán á cocer diez
minutos (¿cómo estarán los minutos cocidos?) y después se colarán por un
colador.» (Colarlos por otra cosa, verbigracia, por una bandurria, sería
un desatino.) «Se pican las hojas (¿unas á otras?), después de bien
escurridas, sobre una mesa, y ya tenemos hecha la pasta.» «Esta se pone
al fuego en una cacerolita con 25 gramos de manteca de vacas ilustres,
sal, pimienta y raspaduras y enmiendas de nuez «mascada» (debe ser
moscada). Puesta la pasta en movimiento con una espátula (ó en su
defecto con una badila), se le agregan dos yemas y medio vaso de nata.
Hecha así la pasta, se la retira de la lumbre; pero para que no se
resfríe se la lleva al consabido balneario de María, tapando la
cacerolita con un pedazo de papel de barba (que puede afeitarse si
conviene). «Diez minutos antes de servirse este plato, se pondrán los
ocho huevos que corresponden á los seis comensales (me parecen pocos
huevos) en un cacharro con agua hirviendo, donde permanecerán, mal que
les pese, durante cuatro minutos justos.»
Dice la receta que han de estar frescos, pero no se sabe si esto se
refiere á los huevos ó á los comensales. Se les quíta la cáscara (esto
va con los huevos, seguramente) cogiéndolos con una servilleta (nada más
que con una), y sobre el pantano que se haya formado con las acederas se
colocan, cual leves barquichuelas, los mencionados huevos, rodeando la
fuente de tostaditas de pan ó cualquier otra cenefa frita por el estilo.
Termina la receta advirtiendo que al preparar los huevos mollets deberá
obrar el cocinero con cuidado y ligereza; pero nos parecería más
oportuno que esto lo dejase para después.