736. _Nunc age, Averna tibi quæ sint loca cumque, lacusque..._

Ahora te explicaré la procedencia de las tradiciones referentes á

los terrenos y lagos conocidos por _avernos_[74]. Desde luego, el

nombre vale tanto como sitios dañosos para las aves, porque, en

efecto, inmediatamente que en su vuelo llegan á los parajes que fueron

designados con aquella denominación, impresionadas por los aires que

de ellos se desprenden, olvidan el vuelo, pierden la fuerza de las

alas, se precipitan con la cabeza para abajo, hacia la tierra ó hacia

el agua, según el averno de que se trate. En Cumas del monte Vesubio

hay uno de esta clase del cual se exhalan vapores calientes, espesos

como el humo: en los muros de Atenas, precisamente en la cima de la

ciudadela, hay otro cerca del cual se erigió el templo de la tritonia

Palas: á él no se atreven á acercarse las rudas cornejas aun cuando

el humo de los holocaustos las convide, y no porque teman el furor de

la diosa Minerva, á cuyo servicio están destinadas según los poetas

griegos han fingido y cantado, sino porque huyen de las exhalaciones de

aquel lugar para ellas muy perjudiciales.

[74] Averna, pl. de avernus = ἄορνος = α (sin) + ὄρνιξ, χος (ave).

Se cuenta que en Siria existe otro averno á cuyas proximidades no

pueden los cuadrúpedos impunemente llegar, porque al intentarlo, vapor

mefítico los envenena y los deja muertos de improviso como si hubieran

sido inmolados por fuerza oculta en honor de los dioses que en ellos

residen. Todas las cosas han sido creadas por leyes naturales; el

estudio de sus causas nos da á conocer su origen, y es necedad el creer

que aquellos sitios sean las entradas del Orco por donde los manes

atraen hacia las márgenes del Aqueronte á las almas de este mundo,

como piensa el vulgo que la aspiración de los ciervos arrastra á las

serpientes por escondidas que se hallen; escucha y sabrás que esas

opiniones repugnan á la razón: acerca de este asunto me propongo hablar

ahora.

Ya en otras ocasiones he dicho que la Tierra contiene un crecido número

de corpúsculos de variadas figuras, que son origen de la vida, causa de

enfermedades, motivo de muerte: esos principios elementales según las

diferencias de su forma, de su naturaleza y de su disposición para las

combinaciones, son más ó menos beneficiosos á los animales; algunos hay

que nos lastiman los oídos; otros con emanaciones picantes nos dañan el

órgano olfatorio; varios son peligrosos al tacto; muchos molestan al

paladar; no pocos ofenden el aparato de la visión, y además hay otros

cuerpos simples en escaso número que influyen en todas las sensaciones,

algunas muy dolorosas, que experimentamos.

Algunos árboles con sus emanaciones producen fuerte dolor de cabeza al

inadvertido que bajo su engañadora sombra se recuesta en la hierba:

en los altos montes de Helicón se halla un árbol cuyas flores matan á

los hombres que las huelen, y sin duda esas peligrosas exhalaciones

surgen de la Tierra, la cual contiene elementos de formas diferentes,

de varias propiedades, y aptos para muy distintas combinaciones. El

humo de la pavesa que resulta en lámpara recién apagada tiene un olor

tan incómodo é ingrato que á veces provoca ataques nerviosos á los que

lo perciben; las mujeres dejan escapar de las manos la delicada labor

en que se entretenían, por causa de una extremada languidez que de

ellas se apodera al aspirar el fuerte olor del castóreo, especialmente

si se hallan en uno de los períodos en que pagan á la Naturaleza el

tributo mensual; hay también otras substancias que relajan los miembros

y hacen languidecer el alma en su residencia: si se toma un prolongado

baño caliente, ó bien si en él se entra después de haber asistido

á opíparo banquete, hay peligro de sufrir grave daño: el olor del

carbón encendido, ¿no puede perturbar nuestro cerebro si no tomamos

la precaución de beber agua antes de aspirarlo? Las emanaciones del

vino matan al que está abatido por fiebre ardiente: ¿no ves también

que de la Tierra se deriva el azufre y en ella se conglutina el betún

de infecto olor? Cuando el duro hierro descubre las minas de oro y

plata, ¿no deja también paso á envenenados vapores que del fondo de

ellas se exhalan? ¿dónde tienen los auríferos metales esos miasmas que

tanto ofenden? ¡qué rostros, qué colores tienen los mineros! ¿no has

visto, no has oído que mueren en poco tiempo y en muy temprana edad los

infelices que se ven reducidos á trabajos tan duros? Necesario es que

la Tierra expulse esos vapores y que éstos se dispersen por el espacio.

Esos lugares, llamados avernos, de los cuales se derivan exhalaciones

mortíferas que se elevan por los aires y corrompen las auras

respirables, son focos de infección hacia los que se precipitan

las aves que en su atmósfera penetran influidas por la acción del

veneno que aspiran, y cuando caen sus miembros se relajan y su vida

se extingue: en el primer momento las domina especial angustiosa

convulsión, pero después cuando sin fuerzas descienden hasta el mismo

sitio donde tienen salida los venenosos vapores, sofocadas por el aire

denso que las rodea exhalan el último aliento.

Puede ser también que las exhalaciones del averno corrompan el aire de

tal manera que formen una especie de atmósfera viciada ó rarificada, y

tan pronto como las aves lleguen á ese lugar pierdan las fuerzas y sus

alas claudiquen: en ese estado no pueden las aves usar del aire ni de

las alas, y caen á tierra, donde yacen después que sus almas les salen

por los poros y se esparcen por el vacío.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 293 / 302 题