Ahora te explicaré la procedencia de las tradiciones referentes á
los terrenos y lagos conocidos por _avernos_[74]. Desde luego, el
nombre vale tanto como sitios dañosos para las aves, porque, en
efecto, inmediatamente que en su vuelo llegan á los parajes que fueron
designados con aquella denominación, impresionadas por los aires que
de ellos se desprenden, olvidan el vuelo, pierden la fuerza de las
alas, se precipitan con la cabeza para abajo, hacia la tierra ó hacia
el agua, según el averno de que se trate. En Cumas del monte Vesubio
hay uno de esta clase del cual se exhalan vapores calientes, espesos
como el humo: en los muros de Atenas, precisamente en la cima de la
ciudadela, hay otro cerca del cual se erigió el templo de la tritonia
Palas: á él no se atreven á acercarse las rudas cornejas aun cuando
el humo de los holocaustos las convide, y no porque teman el furor de
la diosa Minerva, á cuyo servicio están destinadas según los poetas
griegos han fingido y cantado, sino porque huyen de las exhalaciones de
aquel lugar para ellas muy perjudiciales.
[74] Averna, pl. de avernus = ἄορνος = α (sin) + ὄρνιξ, χος (ave).
Se cuenta que en Siria existe otro averno á cuyas proximidades no
pueden los cuadrúpedos impunemente llegar, porque al intentarlo, vapor
mefítico los envenena y los deja muertos de improviso como si hubieran
sido inmolados por fuerza oculta en honor de los dioses que en ellos
residen. Todas las cosas han sido creadas por leyes naturales; el
estudio de sus causas nos da á conocer su origen, y es necedad el creer
que aquellos sitios sean las entradas del Orco por donde los manes
atraen hacia las márgenes del Aqueronte á las almas de este mundo,
como piensa el vulgo que la aspiración de los ciervos arrastra á las
serpientes por escondidas que se hallen; escucha y sabrás que esas
opiniones repugnan á la razón: acerca de este asunto me propongo hablar
ahora.
Ya en otras ocasiones he dicho que la Tierra contiene un crecido número
de corpúsculos de variadas figuras, que son origen de la vida, causa de
enfermedades, motivo de muerte: esos principios elementales según las
diferencias de su forma, de su naturaleza y de su disposición para las
combinaciones, son más ó menos beneficiosos á los animales; algunos hay
que nos lastiman los oídos; otros con emanaciones picantes nos dañan el
órgano olfatorio; varios son peligrosos al tacto; muchos molestan al
paladar; no pocos ofenden el aparato de la visión, y además hay otros
cuerpos simples en escaso número que influyen en todas las sensaciones,
algunas muy dolorosas, que experimentamos.
Algunos árboles con sus emanaciones producen fuerte dolor de cabeza al
inadvertido que bajo su engañadora sombra se recuesta en la hierba:
en los altos montes de Helicón se halla un árbol cuyas flores matan á
los hombres que las huelen, y sin duda esas peligrosas exhalaciones
surgen de la Tierra, la cual contiene elementos de formas diferentes,
de varias propiedades, y aptos para muy distintas combinaciones. El
humo de la pavesa que resulta en lámpara recién apagada tiene un olor
tan incómodo é ingrato que á veces provoca ataques nerviosos á los que
lo perciben; las mujeres dejan escapar de las manos la delicada labor
en que se entretenían, por causa de una extremada languidez que de
ellas se apodera al aspirar el fuerte olor del castóreo, especialmente
si se hallan en uno de los períodos en que pagan á la Naturaleza el
tributo mensual; hay también otras substancias que relajan los miembros
y hacen languidecer el alma en su residencia: si se toma un prolongado
baño caliente, ó bien si en él se entra después de haber asistido
á opíparo banquete, hay peligro de sufrir grave daño: el olor del
carbón encendido, ¿no puede perturbar nuestro cerebro si no tomamos
la precaución de beber agua antes de aspirarlo? Las emanaciones del
vino matan al que está abatido por fiebre ardiente: ¿no ves también
que de la Tierra se deriva el azufre y en ella se conglutina el betún
de infecto olor? Cuando el duro hierro descubre las minas de oro y
plata, ¿no deja también paso á envenenados vapores que del fondo de
ellas se exhalan? ¿dónde tienen los auríferos metales esos miasmas que
tanto ofenden? ¡qué rostros, qué colores tienen los mineros! ¿no has
visto, no has oído que mueren en poco tiempo y en muy temprana edad los
infelices que se ven reducidos á trabajos tan duros? Necesario es que
la Tierra expulse esos vapores y que éstos se dispersen por el espacio.
Esos lugares, llamados avernos, de los cuales se derivan exhalaciones
mortíferas que se elevan por los aires y corrompen las auras
respirables, son focos de infección hacia los que se precipitan
las aves que en su atmósfera penetran influidas por la acción del
veneno que aspiran, y cuando caen sus miembros se relajan y su vida
se extingue: en el primer momento las domina especial angustiosa
convulsión, pero después cuando sin fuerzas descienden hasta el mismo
sitio donde tienen salida los venenosos vapores, sofocadas por el aire
denso que las rodea exhalan el último aliento.
Puede ser también que las exhalaciones del averno corrompan el aire de
tal manera que formen una especie de atmósfera viciada ó rarificada, y
tan pronto como las aves lleguen á ese lugar pierdan las fuerzas y sus
alas claudiquen: en ese estado no pueden las aves usar del aire ni de
las alas, y caen á tierra, donde yacen después que sus almas les salen
por los poros y se esparcen por el vacío.