Ahora intento explicarte el fenómeno de acumulación de vapores en
las altas nubes y la manera de condensarse y formar las lluvias que
riegan toda la superficie de la Tierra. Observa primeramente que de
los cuerpos terrestres se desprende vapor acuoso que unido con otras
materias apropiadas forman las nubes con las cuales crecen de modo
parecido á lo que sucede en nuestro organismo, en el que al mismo
tiempo que los miembros crecen, también aumentan los elementos del
sudor, de la sangre y de otros humores: las emanaciones del mar
en cantidad considerable llevadas por el viento, como vemos que
algunas veces suben movidos por el aire pequeños flequillos de lana,
constituyen las nubes en unión con los vapores de los ríos, y de otros
muchos corpúsculos de agua provenientes de varios sitios: cuando
los vapores acumulados se condensan por el soplo de los vientos, se
desvanecen en lluvia, ora por la presión que el aire sobre ellos ejerce
de continuo, bien porque el mismo peso de los vapores condensados
aumenta la gravitación de las nubes y determina las lluvias.
Pero cuando la acción del aire ha separado mucho las nubes, por efecto
del calor del Sol, la lluvia es simplemente como una destilación
parecida á la que se nota en la cera, cuando impresionada por el fuego
se deshace en gotas: el fuerte aguacero sobreviene cuando á la gravedad
propia de los vapores condensados se une la presión y el ímpetu
iracundo de los irritados vientos que obran sobre las masas de agua.
Si muchos elementos de agua en las nubes se congregan, la lluvia es muy
pertinaz, y, mientras cae, los hombres se ven obligados á permanecer
largo tiempo refugiados en las casas, especialmente si en una región se
amontonan voluminosas nubes procedentes de varios lados y si la Tierra
por medio de los vapores restituye á la atmósfera la humedad que de
ella recibe y á medida que la recibe.
Cuando en días tempestuosos los rayos solares se hallan en oposición á
las nubes que se deshacen en lluvia, del fondo obscuro de la atmósfera
se destacan los colores del arco iris. Y cuanto á los otros meteoros
que en las alturas se ofrecen y tienen relación con las nubes y los
vientos, como las nieves, el granizo y el hielo que las aguas endurece
y con frecuencia anula el ímpetu de veloces ríos, fácil es por sus
efectos determinar sus orígenes, especialmente cuando se conocen las
propiedades de los elementos simples y por ellas el poder que éstos
desarrollan.
Ahora escucha mis razonamientos acerca del origen de los terremotos:
sin duda la Tierra es interiormente lo mismo que en el exterior, y
así como en la superficie suya hay vientos, cavernas, lagos, lagunas,
precipicios y rocas, también se hallarán en el seno de la Tierra: ríos
internos habrá en gran número, los cuales con su impetuosa corriente
arrastrarán sumergidas rocas; y razonable es afirmar que cosas iguales
dondequiera que se hallen han de parecerse.
Admitidas como conformes á la realidad estas ideas, se comprenderá
que la Tierra sufra estremecimientos cuando se derrumben en su seno
enormes cavernas abatidas por la acción del tiempo: montañas que
en lo interior de la Tierra se desploman han de producir profundos
sacudimientos que en lo exterior se dejen sentir como temblores á
veces espantosos: de igual manera un carro aunque no sea muy pesado
hace tremer los edificios de las calles por donde pasa, y lo mismo
acontece cuando brioso caballo arrastra una carroza cuyas ruedas están
férreamente guarnecidas.
Quizá masa enorme de tierra por la vejez quebrantada caiga en depósito
de aguas subterráneo y con su caída ocasione á la Tierra un movimiento
de trepidación; como vemos que un vaso lleno de agua agitada vacila y
no queda inmóvil hasta que el líquido en él contenido entra en reposo.
Cuando el viento reunido en los profundos subterráneos hacia un lado se
acumula con todas sus fuerzas y con toda su violencia, la Tierra oscila
en igual dirección; y los edificios que sobre ella se encuentran,
igualmente se inclinan tanto más cuanto más elevados sean; amenazan
ruina; pierden la línea vertical: los hombres ante aquellos indicios
temen sucumbir y que la Naturaleza no pueda ya contener la demolición
del mundo. Y con efecto, si los vientos no necesitaran reponerse,
nada habría capaz de refrenarlos y nada sería suficiente para evitar
sus destructores efectos; pero como unas veces se contraen y otras se
dilatan, no siempre los peligros se convierten en funestas realidades;
la Tierra se levanta después de haberse inclinado; pierde el
equilibrio, pero pronto lo recupera por su propio peso. De esta manera
se explica que los edificios vacilen más cuanto más elevados son, hasta
el punto de que los más bajos apenas sienten las trepidaciones del
suelo.
Algunos temblores pueden ser ocasionados por vientos súbitos,
impetuosos, que soplan en la superficie de la Tierra; pero otros son
producidos por grandes masas de aire que se acumulan en cavernas
subterráneas, donde se agitan de mil maneras hasta que abren en la
corteza terrestre una salida que se convierte en un abismo: así fueron
destruidas la fenicia Sidón y Egina del Peloponeso: innumerables
ciudades han sucumbido en grandes terremotos; muchas otras con
todos sus habitantes han sido también sorbidas por los mares. Pero
si el viento permanece en lo interior de la Tierra, con furioso
ímpetu penetra por todas las cavidades que en ella existen y origina
fuertes movimientos sísmicos: de modo parecido á éste el frío que
penetra en nuestro cuerpo se introduce en nuestros miembros todos y
temblor convulsivo nos produce aun contra nuestra voluntad. Durante
los terremotos, los moradores de las ciudades, embargados por el
miedo, temen que debajo de sus piés y encima de su cabeza la muerte
amenazadora se presente: creen que va á hundirse el techo de sus
casas y que la Naturaleza de un solo golpe va á desquiciar el mundo
para henchir con sus despojos los abiertos é insaciables abismos.
Y aun cuando tales temerosas gentes creen que el Cielo y la Tierra
son incorruptibles y destinados, por consiguiente, á vida eterna, la
presencia del peligro hace vacilar su fe y lleva á su alma el temor de
que en la Tierra se abran cavernas profundas en las que el mundo entero
se precipite y la Naturaleza de este modo quede convertida en montón
informe de ruinas.