Cuando se indaga sin prevenciones es fácil conocer las causas del
ignífero rayo y sus efectos; pero nada se aprende con las inútiles
canturías del fanatismo tirreno que pretende averiguar intenciones
de misteriosos númenes mediante la observación de la llama del fuego
y de la forma con que el rayo penetra en el muro y sale de él por el
opuesto lado, y aun supone vaticinar lo porvenir por las circunstancias
concurrentes en aquel meteoro.
Porque si es Júpiter ó cualquiera de los otros dioses el autor del
terrorífico estruendo que hace temblar la bóveda celeste y de los rayos
que por todas partes caen, ¿por qué estos últimos no se dirigen contra
los criminales que impunemente cometen infamias sin que el fuego divino
les traspase el pecho, castigo que serviría de ejemplaridad para los
mortales, y en cambio el hombre justo que nunca ha hecho el menor daño
y no tiene falta alguna que expiar se encuentra muchas veces envuelto
en llamas y devorado por el fuego del Cielo? y ¿por qué en ocasiones
caen los rayos en lugares desiertos y se pierde su acción? ¿será para
que se ejerciten y den luego certeros golpes? y ¿por qué el Padre
divino se ha de entretener en disparar dardos que se embotan en la
tierra y no los reserva para lanzarlos contra sus enemigos? ¿por qué
el mismo Júpiter jamás en tiempo tranquilo fulmina rayos ni produce
truenos? ¿acaso condensa las nubes para bajar en ellas y disparar
sus dardos con más certera puntería? entonces ¿para qué los hace
caer algunas veces en el mar y con ellos traspasa las ondas, líquido
insensible, cuerpo acuoso?
Pero si quiere que precavidos evitemos el rayo ¿por qué no permite
que los hombres lo vean cuando es lanzado? Y si quiere sorprendernos
desprevenidos ¿por qué lo arroja en ocasiones en que podemos evitarlo?
¿por qué permite que se extienda la obscuridad y haya estruendos
y ruido precursores? ¿Y puedes creer que al mismo tiempo dispare
rayos con direcciones diversas, ya que es conocido el hecho de que
simultáneamente caigan en distintos sitios? Luego, indudablemente, la
misma razón hay para que á diferentes lugares bajen rayos al mismo
tiempo como para que llueva á la vez en varias regiones.
Finalmente, ¿qué argumentos serán bastantes para justificar la
resolución de los númenes, si de ellos depende que el rayo destroce
templos, soberbios edificios que para honra suya fueron erigidos, y
caigan por tierra sus primorosas estatuas, destinadas exclusivamente
para su culto? ¿por qué especialmente ataca el rayo las alturas, según
puede comprobarse por los vestigios que de ellos siempre se encuentran
en la cima de las montañas?
Por lo expuesto fácil es comprender la formación de los torbellinos
ígneos que desde las nubes al mar descienden, y á los cuales dieron los
Griegos el nombre de serpientes de fuego, por su aspecto; figuran á
veces columnas que parecen poner en comunicación las nubes y los mares
y se ven rodeados de numerosas olas movidas por viento huracanado;
los buques sorprendidos por el meteoro corren grave peligro: cuando
la violencia del viento no es bastante para romper las nubes que lo
envuelve, se extiende poco á poco hacia la parte inferior en forma de
columna que descansa en el mar, ó como una masa que mediante la tensión
conseguida por un brazo poderoso, desde las nubes llegara hasta las
olas y por ellas se esparciera. Cuando el viento consigue penetrar en
la nube con ella desciende y se introduce en las olas, que se agitan
y revuelven horriblemente; la nube lo sigue en todos sus movimientos
y cuando la masa que ambos forman se apodera del Océano, levanta
espantoso huracán en el cual parece que el mar hierve con estrépito
extraordinario.
Pero también ocurre que el torbellino del viento después que contribuye
para que en los aires se junten los elementos que forman la nube, en
ésta se envuelve, y en la Tierra forma una columna como la tromba
marina: la nube cuando llega hasta las planicies se resuelve en huracán
terrible, en viento fuerte que todo lo arrasa á su paso: verdad es que
en la Tierra son raros estos meteoros porque las montañas oponen á los
vientos innumerables obstáculos, en tanto que son frecuentes en los
mares porque su plana superficie deja á los vientos campo libre.
Se forman las nubes cuando muchos cuerpos ásperos que vuelan
diseminados por la región del Cielo se asocian de repente, y á pesar de
su débil ligadura forman un tejido apretado. Al principio constituyen
solamente ligeras nubes, pero éstas se reunen, se estrechan, se
acumulan, é influidas por la acción del viento producen una tempestad.
Observa, además, que mientras más elevadas son las montañas, más
obscurecida con una especie de vapor amarillento se nos presenta su
cima, sin duda porque las nubes en el primer momento de su formación
no son para nosotros perceptibles hasta que el viento las condensa;
y cuando se reunen en número considerable, se aglomeran y desde los
húmedos vértices de las montañas se elevan y se extienden por las
aéreas planicies; la razón nos hace, por tanto, comprender que son más
ventosos los sitios más elevados, y fácilmente podemos comprobar la
verdad de este aserto si ascendemos á elevados montes.
De la amplia superficie de los mares la Naturaleza segrega un crecido
número de corpúsculos, como lo testifica la saliginosa humedad que se
apodera de los trajes colocados en la playa: esos cuerpos que del mar
proceden en forma de vapores también contribuyen á la composición de
las nubes; de la misma sangre se desprende vapor acuoso; de los ríos y
de la Tierra surgen emanaciones cálidas que se elevan, invaden el Cielo
y forman espesas nubes que por las ondas etéreas son impelidas para
abajo y condensadas, y de esto modo el azul del Cielo queda obscurecido.
Puede también suceder que partículas propias de nubes y tempestades
vengan de otros mundos para reunirse á las del nuestro; pues ya he
demostrado que los cuerpos simples son innumerables, que son eternos,
y que dotados están de suma agilidad, condición esta última por la
cual en poco tiempo recorren un dilatado espacio: no te sorprenderá
seguramente, el hecho de que las tempestades se desaten y las tinieblas
se extiendan, desde el lugar en que empiezan á condensarse por las
tierras llanas, por los montes y por el mar, supuesto que los elementos
encuentran expeditas las entradas y las salidas por la mediación del
fluido etéreo que forma para las moléculas aéreas como una especie de
canales conductores.