1349. _Nexilis antè fuit vestis, quam textile tegmen..._

Vestidos anudados se usaban antes de que fuera inventado el telar;

los tejidos fueron posteriores á la aplicación del hierro, porque las

telas usadas ahora se prepararon con auxilio del hierro, que permitió

la construcción de instrumentos delicados, tales como el cilindro, las

cárcolas, el huso, el peine y la ruidosa lanzadera.

La Naturaleza indujo al hombre antes que á la mujer á trabajar la

lana, porque el hombre es más ingenioso y más apto para las artes que

la mujer; pero el agricultor, después de reconvenirse por dedicar su

tiempo á delicadas labores, entregó éstas á su compañera y se reservó

los ejercicios penosos que, después de todo, se acomodaban á la

contextura de sus miembros y de sus manos.

Igualmente enseñó la Naturaleza en el principio de las sociedades á

hacer las operaciones de siembra y de injerto, porque pudo observarse

que de los árboles caían al suelo semillas que después, en apropiados

tiempos, daban numerosos retoños; también se ensayó el ingerir brotes

de una planta en otra y trasladar los arbustos: de este modo, por

medio de multiplicadas tentativas, el cultivo de los campos se mejoró,

y con las esmeradas labores de las tierras se consiguió ablandar

los frutos salvajes. Los bosques reducidos quedaron á los más altos

montes, al mismo tiempo que por las planicies y colinas se extendieron

los campos cultivados, el prado, el lago, el arroyo, y con pujante

lozanía el trigo, la viña y el verdoso olivar que ocupó las llanuras

y montículos. Este sistema de trabajo por muchos años seguido ha dado

vida á esos amenos lugares que ves llenos de árboles frutales de

variedad encantadora.

Mucho antes de que los hombres supieran con harmonioso acento entonar

versos agradables para el oído, habían intentado imitar con su voz

el suave gorjeo de los pájaros; el céfiro que, al introducirse en lo

hueco de las cañas, silba, guió al hombre para inventar los cálamos

agrestes; la flauta, luego, animada por dedos flexibles y acompañada

por el canto, se usó en las apartadas selvas, en los bosques, en las

sombrías soledades que dieron á los pastores los primeros motivos

musicales para entretener sus ocios, pues indudable es que el tiempo da

ocasión para que se creen las artes que después el ingenio perfecciona.

En estos dulces recreos se entretenían, con ellos alegraban su ánimo

después de haber satisfecho la necesidad de alimentarse, pues todas

las aspiraciones eran entonces muy sencillas: muchas veces, reunidos

los pastores en sitio agradable, tendidos junto á la fuente, bajo

la sombra de un árbol, gozaban del placer más puro, especialmente

cuando la alegre primavera cubría los verdes prados con matizadas

flores; conversaban con ingenuidad, jugaban con inocencia, reían

candorosamente y en sus entretenimientos daban vida á la musa agreste;

se adornaban la cabeza con brillantes coronas de flores y los hombros

con guirnaldas; con rudos piés sin medida ni concierto golpeaban la

tierra, madre de todos, y entre carcajadas se divertían de su propia

impericia y se aconsejaban para dar novedad á sus pasatiempos. En

ocasiones, á fin de estar vigilantes y defenderse del sueño, cantaban

con variaciones de tono y recorrían con los labios á medio cerrar los

agujeros del cálamo. También hoy pasamos distraídos las veladas, y

aunque ajustamos nuestros recreos á reglas de buen gusto no saboreamos

con certeza el agrado y la dulzura de nuestros ratos de solaz en mayor

proporción que la gente rústica de otros días.

En mucho estimamos lo que está presente, si antes no hemos conocido

algo mejor; pero lo nuevo perjudica á lo antiguo, y cambia las

costumbres; así hemos despreciado el fruto de la encina, el lecho de

hojas secas y el uso de las pieles: también el vestido formado con

restos de fieras fué en su tiempo una extraña novedad, y no me atreveré

á decir que su inventor no fuera objeto de enconada envidia; quizá el

infeliz sucumbiera víctima de la traición de algunos que se apoderaran

de sus despojos teñidos en sangre, aunque los asesinos fueran de

cierto incapaces para aprovechar útilmente el fruto de su maldad[72].

[72] La amarga ironía de Lucrecio deja comprender los

sufrimientos morales que debería tener por vivir en lucha contra

el convencionalismo religioso de su época.

En aquellos tiempos remotos se luchaba por la posesión de pieles de

animales; hoy se combate por obtener el oro y la púrpura; más culpables

somos indudablemente que nuestros antecesores, porque ellos necesitaban

las pieles para preservarse del frío, y nosotros para ningún objeto de

verdadera precisión utilizamos el oro, la púrpura y los ricos bordados,

ya que para vestirnos serían suficientes las plebeyas telas. ¡Es triste

que la raza humana gaste la vida en contiendas y disgustos motivados

por cosas fútiles, y no ponga freno á la codicia que la corroe, quizá

porque aún no sabe que los goces puros tienen un límite que no se puede

franquear sin peligro! Las vanidades quebrantan la existencia de los

individuos, crean perturbaciones entre los pueblos y originan guerras

que destruyen las sociedades.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 281 / 302 题