El Sol y la Luna, antorchas luminosas que con luz perenne recorren toda
la extensión del movedizo templo del mundo, enseñan á los hombres que
los tiempos se repiten en constantes estaciones, porque todo en la
Naturaleza existe con sujeción á leyes fijas y con orden invariable.
Ya el hombre vivía abrigado en sus palacios, ya en la Tierra se habían
constituido las naciones, y el mar era surcado por numerosos buques, y
en vigor había pactos federativos entre los pueblos, cuando los poetas
comenzaron á consignar en versos los hechos pasados; pero como los
elementos de la escritura eran de muy reciente invención, nuestra Edad
apenas conoce de los pueblos antiguos más sucesos que los indagados por
el raciocinio, apoyado en los vestigios existentes.
Las artes de la navegación, del cultivo de los campos, de las
fortificaciones, de la aplicación de las leyes, de la fabricación
de armas, apertura de caminos, tejidos de telas y otras de igual
utilidad, y también las artes recreativas como la poesía, la pintura
y la escultura, de la necesidad y de la experiencia han sido fruto.
Paulatinamente el tiempo, en oportuna sazón, ha producido inventos
que la industria humana ha mejorado; más adelante las artes se han
concedido mutuo auxilio, y de este modo se elevarán hasta la cumbre de
la perfección.