Muchas especies de animales debieron forzosamente perecer: las que
ahora existen se han conservado, unas por la virtud de su energía, de
su astucia, de su ligereza, y otras por el auxilio que les concedemos
en cambio de la utilidad que nos reportan; el cruel león y otras
bestias feroces, á su fuerza deben su propia conservación; la zorra á
sus ardides; el ciervo á su carrera; pero el fiel y vigilante perro,
los animales de carga, la sufrida oveja y el laborioso buey están
sostenidos por nuestra protección; siempre se veían perseguidos por
las fieras, anhelantes de paz, deseosos de entregarse á los pastos sin
peligros, y nosotros les ofrecemos esas ventajas en recompensa del
provecho que nos proporcionan. Pero los animales á quienes su propia
constitución ha negado fuerza de resistencia y condiciones de utilidad,
¿por qué habían de ser nuestros protegidos? Condenados á ser víctimas
de las otras razas, así vivirán hasta que la Naturaleza los extinga
completamente.
Entonces la Tierra tendía á producir animales de tamaño y de figura
monstruosos: el más notable de éstos fué quizá el andrógino, que tenía
formas propias de los dos sexos y que difería igualmente de uno y de
otro: unos animales aparecían en la vida sin piés, otros sin manos,
aquéllos sin boca, éstos sin ojos; y aun se producían cuerpos en que
los miembros estaban mutuamente adheridos y correspondían á seres
incapaces para avanzar ó retroceder, para huir de los peligros y para
proporcionarse alimentos.
Como éstos surgían otros monstruos en tanto que la Naturaleza
establecía un orden; pero no pudieron avanzar en la edad ni
desarrollarse ni reproducirse. Para el cumplimiento de esta última
función y transmitir á otros seres la vida recibida, son necesarias
algunas circunstancias: en primer lugar la adecuación de los alimentos;
en segundo lugar la formación de gérmenes fecundos esparcidos en todo
el cuerpo y la constitución de apropiados canales conductores; y en
tercer término la adaptación de los órganos sexuales con mutuos goces.
Pero ni han existido Centauros ni podían formarse especies de
naturaleza doble y de cuerpo doble con miembros de razas distintas;
combinación de elementos heterogéneos es imposible. Á nadie ha de ser
difícil comprender esta verdad.
En primer término, el caballo á los tres años de su vida se halla en
la fuerza de su edad; pero no así el hombre, que todavía en ese tiempo
busca el pecho que lo amamanta; el número de años que disminuye la
fuerza de los caballos y obliga á éstos á rendirse bajo el peso de la
vejez, es el mismo que representa la juventud del hombre y la época en
que éste fortifica sus miembros y en que su rostro se cubre de vello.
No creas que de la unión de semillas de caballos y de hombres pueda
formarse centauros, ni que haya sido posible la existencia de Escilas
que tuviesen la mitad inferior del cuerpo de figura y forma de perro,
ni otros monstruos de este género compuestos de miembros incompatibles
porque pertenezcan á seres que tienen diferente desarrollo, diversa
juventud, muy distinta índole, son excitados por Venus, de maneras
varias, tienen otras costumbres y se alimentan con substancias
diferentes; pues ya sabemos que nutre á las cabras la cicuta que es
veneno mortífero para los hombres.
Las llamas queman y consumen el rojizo cuerpo de los leones, lo mismo
que las vísceras y sangre de todos los animales. ¿Cómo pudiera suceder
que ese monstruo de triple constitución llamado Quimera, con cabeza de
león, cuerpo de cabra y cola de dragón, pudiera arrojar de su cuerpo
fuego á llamaradas? Afirmar que por ser nueva la Tierra, y el Cielo
reciente, era muy posible que se produjesen tantos monstruos, sin que
en apoyo de esta idea se halle más razón que la vana y frívola de la
novedad, es dar motivo para las fantásticas y absurdas suposiciones de
la fábula: debe decirse lo mismo respecto de la suposición de que por
las tierras circulasen ríos de oro; de que las flores de los arbustos
fuesen de diamantes, y de que los hombres dotados estuviesen de fuerza
y de estatura bastantes para saltar de un paso la vasta superficie
de los mares y para hacer girar con las manos todo el cielo. Aunque
la Tierra contenía innumerables gérmenes productores, de los cuales
se formaron muchas especies de animales, no por eso hemos de creer
que pudiese producir seres de elementos opuestos, y unir en un mismo
individuo miembros de animales diferentes; es lo cierto que plantas,
mieses y arbustos que la faz de la tierra cubren, nunca nacen juntos y
confundidos, sino tiene cada uno su peculiar esfera y conservan todos
las diferencias que la Naturaleza les ha señalado.