770. _Quod superest, quoniam magni per cærula Mundi..._

Como ya he dilucidado el proceso de formación del mundo en las

regiones cerúleas, los varios giros que el Sol y la Luna tienen en el

espacio y la fuerza que puede impulsarlos, así como la causa probable

de que algunas veces pierdan su luz y por algún tiempo nos dejen á

obscuras como quien ya cierra, ya abre los ojos, y con la sombra apaga

la claridad y con la claridad extingue las tinieblas; ahora debo

retroceder á los comienzos del mundo, inquirir lo que en los tiempos

de su antigua evolución obró la Tierra, y cuáles fueron las primeras

producciones que expuso á la inconstancia de los vientos y á la

influencia de la luz.

En un principio, la Tierra dió á las colinas toda clase de hierbas

y de verdor; los campos fueron esmaltados de flores y de musgo; los

árboles de varias especies después de crecer levantaron sus ramas á

las auras; así como á las aves y cuadrúpedos, cuando se hallan en la

primera edad, les brotan respectivamente plumas, pelo y cabello, así

también la Tierra empezó á dar hierbas y arbustos, y después produjo la

especie animal con diferentes destinos y agrupados sus individuos en

clases distintas; ciertamente los animales no caerían del Cielo, ni los

habitantes de la Tierra brotarían de las saladas aguas. Por esta razón

con motivo se da nombre de Madre á la Tierra, porque es el origen de

todo lo existente sobre ella. Si vemos que aun hoy nacen de la Tierra

bajo la acción de la humedad y del Sol muchos animales, no deberá

sorprendernos la consideración de que en la época de efervescencia de

sus energías, la Naturaleza pudiera producir seres vivientes de gran

volumen y muy numerosos.

Primeramente nacieron los pájaros y toda la variada especie de

volátiles, los cuales comenzaron á salir de los huevos con el calor

primaveral, de igual modo que las cigarras aun en nuestros días dejan

sus envolturas en el estío y de seguida se lanzan á buscar su alimento.

En aquel tiempo apareció también la raza humana: moléculas adecuadas

existentes en el agua y en el fuego, atraídas por lugares apropiados en

los campos, sirvieron para promover el crecimiento de ovarios fecundos

unidos á la tierra por especiales raíces, y cuando el embrión formado

llegó á la época de madurez, su energía propia le permitió salir de la

humedad para respirar el aire libre, y la Naturaleza, abierta por todas

partes, introdujo en las venas del nuevo ser zumos sabrosos parecidos

á la leche.

Así como las mujeres después del parto sienten en los pechos

exuberancia de agradable jugo que sirve de grato alimento para sus

recién nacidos, la Tierra de esta manera sustentaba á sus criaturas

humanas; la plácida temperatura hacía innecesario todo abrigo, y el

suelo cubierto de menudo césped les preparaba agradable y cómodo lecho.

No sufría el mundo en aquella remota edad el penetrante frío, ni los

nimios calores, ni los fuertes vientos; esos fenómenos han tenido

también su época de aparición. Justamente merece la Tierra el nombre

de madre, porque ella fué la que dió vida al género humano, cuasi á

la vez que formó á los animales de toda especie, lo mismo á los que

viven errantes por las tierras que aquellos otros de variadas formas

que vuelan por los aires. Pero la energía prolífica de la Tierra había

de tener un término; así como los años esterilizan á la mujer también

consumieron la fecundidad de la Tierra; el tiempo muda la naturaleza

del mundo; los estados se suceden; nada permanece estacionario; todo

cambia; todo se transforma para que todo tenga vida. Se consume un

cuerpo en putrefacción ó sucumbe herido por la vejez, al mismo tiempo

que otro se levanta por el lado opuesto y se fortifica; así en el

transcurso de los días se muda la naturaleza del mundo; incesantemente

cambia de estado; no puede hacer hoy lo que antes hiciera; hoy hace lo

que antes no podía hacer.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 274 / 302 题