Como ya he dilucidado el proceso de formación del mundo en las
regiones cerúleas, los varios giros que el Sol y la Luna tienen en el
espacio y la fuerza que puede impulsarlos, así como la causa probable
de que algunas veces pierdan su luz y por algún tiempo nos dejen á
obscuras como quien ya cierra, ya abre los ojos, y con la sombra apaga
la claridad y con la claridad extingue las tinieblas; ahora debo
retroceder á los comienzos del mundo, inquirir lo que en los tiempos
de su antigua evolución obró la Tierra, y cuáles fueron las primeras
producciones que expuso á la inconstancia de los vientos y á la
influencia de la luz.
En un principio, la Tierra dió á las colinas toda clase de hierbas
y de verdor; los campos fueron esmaltados de flores y de musgo; los
árboles de varias especies después de crecer levantaron sus ramas á
las auras; así como á las aves y cuadrúpedos, cuando se hallan en la
primera edad, les brotan respectivamente plumas, pelo y cabello, así
también la Tierra empezó á dar hierbas y arbustos, y después produjo la
especie animal con diferentes destinos y agrupados sus individuos en
clases distintas; ciertamente los animales no caerían del Cielo, ni los
habitantes de la Tierra brotarían de las saladas aguas. Por esta razón
con motivo se da nombre de Madre á la Tierra, porque es el origen de
todo lo existente sobre ella. Si vemos que aun hoy nacen de la Tierra
bajo la acción de la humedad y del Sol muchos animales, no deberá
sorprendernos la consideración de que en la época de efervescencia de
sus energías, la Naturaleza pudiera producir seres vivientes de gran
volumen y muy numerosos.
Primeramente nacieron los pájaros y toda la variada especie de
volátiles, los cuales comenzaron á salir de los huevos con el calor
primaveral, de igual modo que las cigarras aun en nuestros días dejan
sus envolturas en el estío y de seguida se lanzan á buscar su alimento.
En aquel tiempo apareció también la raza humana: moléculas adecuadas
existentes en el agua y en el fuego, atraídas por lugares apropiados en
los campos, sirvieron para promover el crecimiento de ovarios fecundos
unidos á la tierra por especiales raíces, y cuando el embrión formado
llegó á la época de madurez, su energía propia le permitió salir de la
humedad para respirar el aire libre, y la Naturaleza, abierta por todas
partes, introdujo en las venas del nuevo ser zumos sabrosos parecidos
á la leche.
Así como las mujeres después del parto sienten en los pechos
exuberancia de agradable jugo que sirve de grato alimento para sus
recién nacidos, la Tierra de esta manera sustentaba á sus criaturas
humanas; la plácida temperatura hacía innecesario todo abrigo, y el
suelo cubierto de menudo césped les preparaba agradable y cómodo lecho.
No sufría el mundo en aquella remota edad el penetrante frío, ni los
nimios calores, ni los fuertes vientos; esos fenómenos han tenido
también su época de aparición. Justamente merece la Tierra el nombre
de madre, porque ella fué la que dió vida al género humano, cuasi á
la vez que formó á los animales de toda especie, lo mismo á los que
viven errantes por las tierras que aquellos otros de variadas formas
que vuelan por los aires. Pero la energía prolífica de la Tierra había
de tener un término; así como los años esterilizan á la mujer también
consumieron la fecundidad de la Tierra; el tiempo muda la naturaleza
del mundo; los estados se suceden; nada permanece estacionario; todo
cambia; todo se transforma para que todo tenga vida. Se consume un
cuerpo en putrefacción ó sucumbe herido por la vejez, al mismo tiempo
que otro se levanta por el lado opuesto y se fortifica; así en el
transcurso de los días se muda la naturaleza del mundo; incesantemente
cambia de estado; no puede hacer hoy lo que antes hiciera; hoy hace lo
que antes no podía hacer.