649. _At nox obruit ingenti caligine terras..._

La noche cubre de impenetrable obscuridad la Tierra, ya porque el Sol

llega disipado al término de su curso, y deja apagar sus fuegos que en

el camino se han debilitado por el rozamiento con el aire, ya porque

la misma fuerza que obliga á los rayos del Sol para remontarse tanto,

podrá también obligarlos á prolongar su marcha por debajo de nosotros

en dirección contraria.

La Aurora se presenta en tiempos fijos en los vastos dominios del éter

y descubre la luz, ya porque el Sol tienda á anticipar su regreso de

las regiones que debajo de nosotros quedan, y dore con sus rayos el

cielo; ya porque diariamente en períodos regulares se junten fuegos

y corpúsculos ígneos, y todos los días formen un nuevo Sol[65]; así

pueden verse, como la tradición dice, desde las elevadas cumbres del

monte Ida, algunos fuegos dispersos que se juntan por las madrugadas y

forman un globo luciente que recorre el espacio[66].

[65] Opinión de Heráclito: Jenófanes pensaba también que había un

Sol para cada clima.

[66] Diodoro de Sicilia, Estrabón y Juvenal hablan de esa

tradición.

Y no debe causarte admiración el hecho de que en épocas fijas puedan

reunirse tantas partículas de fuego que restauren el brillo y el calor

del Sol, porque vemos que otros muchos fenómenos ocurren también en

tiempos fijos: en las mismas épocas todos los años florecen los árboles

y maduran las frutas; en la vejez se caen los dientes debilitados,

y á tiempos fijos los jóvenes se cubren de menudo vello y sienten

en el rostro los empujes de la barba; la lluvia, la nieve, el rayo,

los vientos y las nubes siguen movimiento regular en las estaciones.

Al determinarse cada ser muestra una propia energía que puesta en

acción sigue invariablemente el turno que le corresponde en el orden

universal. Aumenta la duración de los días cuando la de las noches

disminuye y ésta crece cuando aquélla se acorta, porque el Sol, que

siempre es el mismo, sobre las tierras y debajo de ellas, describe

arcos desiguales que cortan el Cielo en porciones diferentes, y lo hace

con tal regularidad, que da á cada parte del mundo la porción de luz de

que ha privado al hemisferio opuesto, hasta que en su curso llega al

fin del signo donde las noches son iguales á los días, porque la parte

del espacio en que se halla se encuentra á igual distancia del aquilón

y del austro, término de la rotación anual del Sol, y punto desde donde

con igualdad esparce su fuego, tanto por el Cielo como por la Tierra:

así á lo menos lo enseñan aquellos que han representado por medio de

imágenes las regiones del cielo. Puede también suceder que el aire, muy

denso en algunos sitios, no dé acceso á los vacilantes rayos del Sol,

y éstos no puedan penetrar con facilidad en los rumbos del Oriente,

y por este motivo las noches del invierno son muy lentas y parecen

interminables por lo mucho que se retarda la aparición de la luz

diurna; ó puede suceder que del año en partes alternas corren, ya más

despacio, ya más aprisa, las moléculas de fuego que reunidas componen

el Sol, y determinan así las estaciones.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 272 / 302 题