510. _Motibus Astrorum nunc quæ sit causa, canamus._

La causa del movimiento de los astros canto é investigo ahora. Si lo

que en realidad gira es el vasto recinto que los contiene[59], será

necesario suponer que los dos polos del mundo se hallan comprimidos

y estrechados por corrientes de aire que tienden á encontrarse; una

superior, que empuja á nuestro cielo en la misma dirección que siguen

los cuerpos relucientes del mundo, y otra inferior, que en sentido

contrario casi los arrastra, como vemos que en los ríos se mueven las

ruedas y los cangilones de noria. Si el cielo permanece inmóvil[60],

será necesario admitir que los astros giran con movimientos circulares,

ya porque el fluido etéreo, elástico y sutil como es, tienda á

escaparse y en movimiento rápido siga la dirección de la superficie

curva, fenómeno que daría motivo á la revolución de los cuerpos

siderales, ya porque el movimiento sea dado á éstos por el aire

exterior, ó bien porque esos mismos seres estén dotados de propias

energías para buscar de una parte á otra del espacio el alimento

ígneo que los atrae[61]. Difícil es declarar cuál de estos sistemas

que tratan de explicar el movimiento del mundo sea el más conforme á

la realidad; y por mi parte, después de atender á los hechos que la

observación nos da á conocer, referentes á tantos mundos parecidos al

nuestro como la Naturaleza ha constituido, me limito á exponerte las

causas, admitidas como bastantes, que pueden poner en movimiento á los

astros: una ha de haber, sin duda, que desempeñe funciones tan graves;

pero cuál sea ella, no se atreverá á afirmarlo quien proceda cautamente

en asunto de tanta importancia.

[59] Esta era opinión de Anaxágoras, según testimonio de Diógenes

Laercio.

[60] Así pensaba Anaxímenes, si hemos de creer á Plutarco.

[61] Algunos griegos y romanos suponían que los astros eran seres

vivos necesitados de alimento.

Nos veremos obligados á admitir que la Tierra pierde poco á poco su

volumen y disminuye en la misma proporción su gravedad si la suponemos

inmóvil en el centro del Universo y asentada sobre capas de aire, á

las cuales se halle unida en relación perfecta, como lo testifica el

hecho de que no actúe sobre ellas de modo que las haga descender, de

igual modo que los miembros del hombre no oprimen á éste, ni la cabeza

ejerce presión sobre el cuello, ni el peso de todo el cuerpo abruma á

los piés, aunque un objeto extraño menos grave que su propio individuo

cause molestia á cualquiera persona. Para apreciar el equilibrio que

resulta entre varias cosas, debe tenerse en cuenta el lazo de unión

que las liga: la Tierra no es un cuerpo extraño que de repente se haya

colocado encima de masas de aire, sino un ser que en todo tiempo se ha

desenvuelto con ellas, y de este modo es del Universo un sumando, lo

mismo que todo miembro de un cuerpo es parte de este mismo[62].

[62] El sistema acariciado por Lucrecio para explicarse las leyes

de la gravitación, que hasta Newton no fueron más que entrevistas

confusamente por los pensadores, es el mismo que sostuvo Plinio,

no más exacto, pero no menos erróneo que los admitidos por

Jenófanes, Empedocles, Anaximandro y Aristóteles.

Tan pronto como la Tierra sufre el sacudimiento de una tempestad

comunica el impulso recibido á todo lo que se halla en su propia

superficie, fenómeno que no se podría efectuar si no estuviese ligada

en unión íntima con los fluidos aeriforme y eterino: los tres cuerpos

tienen raíces entrelazadas y las mismas desde toda la duración de los

tiempos. ¿No ves de qué manera, aun siendo el cuerpo con su pesantez

carga abrumadora para el alma con su delicadeza, lo puede ésta sostener

en virtud de la íntima unión que entre ellos existe? ¿Y qué fuerza

puede regir los veloces movimientos del cuerpo, sino el poder del alma,

que gobierna los miembros? ¿No has notado que siempre la unión de una

débil substancia y de un cuerpo muy pesado ofrece como producto una

considerable energía, según se observa en la combinación del aire con

la Tierra y en la formación del alma con el cuerpo?

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 270 / 302 题