319. _Denique jam tuere hoc circùm supràque, quod omnê..._

Considera esa inmensa capa que rodea la Tierra, la cual, según algunos

dicen, en sí contiene y absorbe todo cuanto existe; principio también

tuvo y tendrá fin porque toda materia que sirve para nutrir á otros

seres se desgasta, así como aumenta cuando varios elementos se le

incorporan.

Además, si el Cielo y este mundo que habitamos carecieran de principio

y siempre hubieran existido, ¿por qué no se conoce algún poeta que

haya cantado hechos gloriosos anteriores á la guerra de Tebas y á la

destrucción de Troya? ¿por qué no se conserva de otras nobles acciones

el recuerdo engalanado con fama inmortal?

Con certeza el Universo tiene cierta novedad y nuestro mundo aún está

en sus comienzos; su edad es muy corta: por este motivo aún las artes

no han adelantado y algunas hay que ahora se inventan; hasta hoy

no ha empezado la marina á hacer progresos y la harmonía musical á

perfeccionarse; en fin, el conocimiento de la naturaleza de las cosas

hace muy poco tiempo que se ha iniciado, y soy el primero que lo puede

comunicar en nuestra lengua patria.

Porque si crees que todas estas cosas han existido antes de ahora,

pero que la razón humana pereció consumida por fuego devorador y que

las ciudades fueron arruinadas por los trastornos del mundo, ó que

torrentes copiosos de lluvias han podido sobre éste furiosos descargar

hasta sumergirlo, más fácil te será creer en la futura destrucción del

Cielo y de la Tierra; pues si una vez cayeron tantas desdichas sobre el

mundo y éste pasó tantos peligros, el efecto sería más destructor si

la causa que lo combatiese fuera más enérgica: y, en verdad, nosotros

mismos para creernos mortales el único fundamento que tenemos es el de

saber que participamos de la misma condición que otros á quienes la

Naturaleza arrebató la vida.

Para que un cuerpo subsista eternamente es necesario, ó que sus

componentes sean por completo sólidos y resistan el choque, la

penetración y la disociación producidos por otros cuerpos, como sucede

á los elementos de la materia, de los cuales con extensión hemos

tratado anteriormente, ó que no sea susceptible de choques, como el

vacío, que permanece siempre intacto y nunca puede ser destruido, ó,

por último, que no esté rodeado por un espacio al que sean lanzados

sus fragmentos; de esta manera última es eterna la Suma de las sumas,

fuera de la cual no hay nada que pueda alterarla ó disolverla, ni

lugar en que se disipe, ni agentes que la disminuyan ó quebranten.

Pero como ya he demostrado, el mundo no tiene solidez absoluta, porque

en todas las concreciones hay que admitir intersticios; ni tiene las

condiciones del vacío porque hay en la Naturaleza otros cuerpos que

pueden producir trastornos en su composición y rodearlo de invencibles

peligros; existe, además, un espacio infinito donde el globo terráqueo

puede anularse y sus elementos ser precipitados á la disolución[58].

Por tanto, el Cielo, el Sol, la Tierra y los mares no tienen cerradas

las puertas de la muerte, sino franqueadas de par en par. Y si el mundo

está sujeto á muerte no ha podido existir sin tener comienzo; alguna

vez debió salir de la indeterminación durable de los tiempos.

[58] Lucrecio repite los versos 808 al 827 del canto III, si bien

con algunas pequeñas variaciones.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 267 / 302 题