Considera esa inmensa capa que rodea la Tierra, la cual, según algunos
dicen, en sí contiene y absorbe todo cuanto existe; principio también
tuvo y tendrá fin porque toda materia que sirve para nutrir á otros
seres se desgasta, así como aumenta cuando varios elementos se le
incorporan.
Además, si el Cielo y este mundo que habitamos carecieran de principio
y siempre hubieran existido, ¿por qué no se conoce algún poeta que
haya cantado hechos gloriosos anteriores á la guerra de Tebas y á la
destrucción de Troya? ¿por qué no se conserva de otras nobles acciones
el recuerdo engalanado con fama inmortal?
Con certeza el Universo tiene cierta novedad y nuestro mundo aún está
en sus comienzos; su edad es muy corta: por este motivo aún las artes
no han adelantado y algunas hay que ahora se inventan; hasta hoy
no ha empezado la marina á hacer progresos y la harmonía musical á
perfeccionarse; en fin, el conocimiento de la naturaleza de las cosas
hace muy poco tiempo que se ha iniciado, y soy el primero que lo puede
comunicar en nuestra lengua patria.
Porque si crees que todas estas cosas han existido antes de ahora,
pero que la razón humana pereció consumida por fuego devorador y que
las ciudades fueron arruinadas por los trastornos del mundo, ó que
torrentes copiosos de lluvias han podido sobre éste furiosos descargar
hasta sumergirlo, más fácil te será creer en la futura destrucción del
Cielo y de la Tierra; pues si una vez cayeron tantas desdichas sobre el
mundo y éste pasó tantos peligros, el efecto sería más destructor si
la causa que lo combatiese fuera más enérgica: y, en verdad, nosotros
mismos para creernos mortales el único fundamento que tenemos es el de
saber que participamos de la misma condición que otros á quienes la
Naturaleza arrebató la vida.
Para que un cuerpo subsista eternamente es necesario, ó que sus
componentes sean por completo sólidos y resistan el choque, la
penetración y la disociación producidos por otros cuerpos, como sucede
á los elementos de la materia, de los cuales con extensión hemos
tratado anteriormente, ó que no sea susceptible de choques, como el
vacío, que permanece siempre intacto y nunca puede ser destruido, ó,
por último, que no esté rodeado por un espacio al que sean lanzados
sus fragmentos; de esta manera última es eterna la Suma de las sumas,
fuera de la cual no hay nada que pueda alterarla ó disolverla, ni
lugar en que se disipe, ni agentes que la disminuyan ó quebranten.
Pero como ya he demostrado, el mundo no tiene solidez absoluta, porque
en todas las concreciones hay que admitir intersticios; ni tiene las
condiciones del vacío porque hay en la Naturaleza otros cuerpos que
pueden producir trastornos en su composición y rodearlo de invencibles
peligros; existe, además, un espacio infinito donde el globo terráqueo
puede anularse y sus elementos ser precipitados á la disolución[58].
Por tanto, el Cielo, el Sol, la Tierra y los mares no tienen cerradas
las puertas de la muerte, sino franqueadas de par en par. Y si el mundo
está sujeto á muerte no ha podido existir sin tener comienzo; alguna
vez debió salir de la indeterminación durable de los tiempos.
[58] Lucrecio repite los versos 808 al 827 del canto III, si bien
con algunas pequeñas variaciones.