262. _Quod superest, humore novo mare, flumina, fontes..._

Con sucesivas renovaciones de agua el mar, los ríos, las fuentes

siempre abundan y se perpetúan; y no es menester decir que su caudal es

favorecido por continuos tributos que de varias partes les llegan, pero

también disminuido por incesantes evaporaciones que causa el Sol con

su ardiente influencia y por otras pérdidas que ocasionan los vientos

con su fuerte soplo: otras porciones de agua penetran en la tierra por

medio de filtraciones ó en sal se convierten, ó vuelven sobre su curso

y se juntan al nacimiento de los ríos para correr límpidas por los

cauces que les facilitan paso.

Tratemos ahora del aire, el cual en todos los momentos sufre numerosas

variaciones: los efluvios que brotan de los cuerpos en ese vasto Océano

se pierden y á la vez éste da materiales para la renovación de todas

las cosas; de lo contrario, todo cuanto existe con el tiempo en aire

se convertiría: contribuyen, pues, todos los cuerpos mediante sus

continuas emanaciones á la formación del aire, y éste da elementos para

la composición de todos los seres.

El Sol, perenne foco de claridad, etéreo astro que baña el cielo con

su brillo continuamente renovado, sin cesar enriquece su corriente

luminosa con no interrumpidas producciones de luz, porque siempre sus

rayos se extinguen al llegar á su destino. Te será fácil convencerte

de la exactitud de esa observación si reparas en que al ponerse las

nubes entre el Sol y nosotros el manantial luminoso queda cortado é

inmediatamente desaparece en su parte inferior; entonces la Tierra se

obscurece en la porción correspondiente á las nubes interpuestas: de

este hecho puedes inferir que los cuerpos necesitan luz de renovación

no interrumpida, que todo rayo luminoso al momento en que surge se

consume, y que no podríamos ver los objetos si faltasen las continuas

emisiones de luz solar.

También las luces de que nos valemos por la noche, artificialmente

obtenidas en lámparas y antorchas de las que se derivan torrentes de

humo y de llamas, dan fulgores vacilantes pero no interrumpidos, porque

la rapidez con que su corriente se renueva es tal que súbitamente

reemplaza á la luz que va á extinguirse por otra nueva que se forma.

Algo parecido sucede con el Sol, la Luna y las estrellas, y, por tanto,

lejos de considerar inalterables esos cuerpos debes creer que nos

alumbran por efecto de sus continuas emisiones tan pronto consumidas

como renovadas.

Finalmente; ¿no ves de qué manera el tiempo deja marcado su paso

en las piedras, y cómo torres elevadas sucumben, rocas se deshacen

en polvo, templos y estatuas de dioses se destruyen y acaban en

ruinas, sin que esos dioses puedan salvar los límites de las cosas ó

contrariar las leyes de la Naturaleza? ¿No vemos que otros monumentos

levantados en honor de los hombres también se quebrantan como cuerpos

minados por vejez? ¿No sabemos que de lo alto de algunas montañas se

desprenden enormes bloques de granito incapaces para sufrir inmutables

la demolición del continuo suceder? Pues no caerían como arrancados

repentinamente ó bajo la acción de un choque si hubieran resistido los

continuados asaltos del tiempo.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 266 / 302 题