202. _Principio, quantùm Cœli tegit impetus ingens..._

Primeramente, en todo cuanto cubre la inmensa extensión del cielo hay

una parte considerable ocupada por altas montañas, por bosques donde

las fieras dominan, por estériles rocas, inmensos lagos, y el mar,

que en su dilatada extensión comprende muchas regiones, y además, dos

partes vedadas al hombre por insufrible calor y asiduo hielo[56];

aun lo restante sería convertido por la Naturaleza espontáneamente en

selva si la acción humana, estimulada por las necesidades de la vida,

no acometiera trabajos muy penosos para remover la tierra con el rudo

arado, para excitar los gérmenes asimilables del suelo y promover

la fecundidad de las glebas; porque sin esta labor la tierra no se

desenvolvería para dar producto útil; todavía en muchas ocasiones,

después de costosos esfuerzos cuando las plantas florecen ó cuando

fructifican son quemadas por ardiente sol, ó azotadas por fuertes

huracanes, ó destruidas por los hielos, ó dispersados sus frutos por

tempestades violentas.

[56] Consideraban los antiguos que la tierra estaba dividida

en cinco regiones: Lucrecio se apartó de esa opinión; Ovidio y

Virgilio la sostuvieron.

¿Por qué en el mar y en la tierra nacen y se propagan razas de

horribles fieras, enemigas crueles de la especie humana? ¿por qué

las estaciones del año vienen acompañadas de un propio séquito de

enfermedades? ¿por qué hay tantas muertes prematuras?

También el niño, como náufrago arrojado á la playa por embravecidas

olas, yace desnudo en el suelo, necesitado con urgencia de todo

auxilio, desde el momento en que la Naturaleza lo arranca del seno

materno para presentarlo á la clara luz: con tristes lamentos llena el

lugar en que se halla, y motivadamente, pues el desgraciado comienza

desde aquel instante una carrera de infortunios[57]. En cambio los

mansos ganados y las armadas fieras crecen cómodamente, no experimentan

necesidad de juguetes ni aun siquiera de aprender el medio expresivo

de que se vale su cariñosa nodriza; tampoco tienen que preocuparse con

los vestidos que han de usar en las varias estaciones, y no echan de

menos armas para defenderse ni fortalezas que los guarden, porque, para

ellos, abundantemente la tierra produce y la Naturaleza es pródiga.

[57] Todos los pueblos pensaban que el nacer era una desgracia;

de esta creencia surgió la idea del celibato como virtud, entre

los egipcios, entre las sectas hebraicas de esenios y nazarenos,

y en algunas escuelas de India, Persia y Grecia.

Y pues los cuerpos sólidos, los líquidos, las leves auras, los cálidos

vapores y cuanto constituye el Universo nacen y mueren, también nuestro

mundo ha de estar sujeto á la misma ley; porque no puede un todo

substraerse de la condición que afecta por igual á todas sus partes.

Si veo que todos los miembros y todos los organismos del mundo perecen

y se remueven, lícito ha de serme afirmar que también el Cielo y la

Tierra habrán tenido un tiempo de aparición y caerán en ruina.

No supongas, Memmio, que discurro precipitadamente al afirmar que la

Tierra y el fuego serán consumidos por la muerte, y que el agua y el

aire también perecerán: he dicho que desaparecerán para renacer y

crecer de nuevo.

Una parte de la Tierra abrasada por el fuego del Sol y pisada por

nuestros piés se convierte en torbellinos de polvo que la violencia de

los vientos dispersa; otra parte es destruida por las lluvias y aun las

márgenes de los ríos son continuamente devoradas por el batir de las

corrientes; y, por último, como todo cuerpo que sirve de alimento á

otro necesariamente ha de sufrir diminución, y la Tierra no solamente

es sepulcro sino también es madre de muchos seres, indudable es que la

Tierra ha de estar sujeta á pérdidas y reposiciones continuas.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 265 / 302 题