Primeramente, en todo cuanto cubre la inmensa extensión del cielo hay
una parte considerable ocupada por altas montañas, por bosques donde
las fieras dominan, por estériles rocas, inmensos lagos, y el mar,
que en su dilatada extensión comprende muchas regiones, y además, dos
partes vedadas al hombre por insufrible calor y asiduo hielo[56];
aun lo restante sería convertido por la Naturaleza espontáneamente en
selva si la acción humana, estimulada por las necesidades de la vida,
no acometiera trabajos muy penosos para remover la tierra con el rudo
arado, para excitar los gérmenes asimilables del suelo y promover
la fecundidad de las glebas; porque sin esta labor la tierra no se
desenvolvería para dar producto útil; todavía en muchas ocasiones,
después de costosos esfuerzos cuando las plantas florecen ó cuando
fructifican son quemadas por ardiente sol, ó azotadas por fuertes
huracanes, ó destruidas por los hielos, ó dispersados sus frutos por
tempestades violentas.
[56] Consideraban los antiguos que la tierra estaba dividida
en cinco regiones: Lucrecio se apartó de esa opinión; Ovidio y
Virgilio la sostuvieron.
¿Por qué en el mar y en la tierra nacen y se propagan razas de
horribles fieras, enemigas crueles de la especie humana? ¿por qué
las estaciones del año vienen acompañadas de un propio séquito de
enfermedades? ¿por qué hay tantas muertes prematuras?
También el niño, como náufrago arrojado á la playa por embravecidas
olas, yace desnudo en el suelo, necesitado con urgencia de todo
auxilio, desde el momento en que la Naturaleza lo arranca del seno
materno para presentarlo á la clara luz: con tristes lamentos llena el
lugar en que se halla, y motivadamente, pues el desgraciado comienza
desde aquel instante una carrera de infortunios[57]. En cambio los
mansos ganados y las armadas fieras crecen cómodamente, no experimentan
necesidad de juguetes ni aun siquiera de aprender el medio expresivo
de que se vale su cariñosa nodriza; tampoco tienen que preocuparse con
los vestidos que han de usar en las varias estaciones, y no echan de
menos armas para defenderse ni fortalezas que los guarden, porque, para
ellos, abundantemente la tierra produce y la Naturaleza es pródiga.
[57] Todos los pueblos pensaban que el nacer era una desgracia;
de esta creencia surgió la idea del celibato como virtud, entre
los egipcios, entre las sectas hebraicas de esenios y nazarenos,
y en algunas escuelas de India, Persia y Grecia.
Y pues los cuerpos sólidos, los líquidos, las leves auras, los cálidos
vapores y cuanto constituye el Universo nacen y mueren, también nuestro
mundo ha de estar sujeto á la misma ley; porque no puede un todo
substraerse de la condición que afecta por igual á todas sus partes.
Si veo que todos los miembros y todos los organismos del mundo perecen
y se remueven, lícito ha de serme afirmar que también el Cielo y la
Tierra habrán tenido un tiempo de aparición y caerán en ruina.
No supongas, Memmio, que discurro precipitadamente al afirmar que la
Tierra y el fuego serán consumidos por la muerte, y que el agua y el
aire también perecerán: he dicho que desaparecerán para renacer y
crecer de nuevo.
Una parte de la Tierra abrasada por el fuego del Sol y pisada por
nuestros piés se convierte en torbellinos de polvo que la violencia de
los vientos dispersa; otra parte es destruida por las lluvias y aun las
márgenes de los ríos son continuamente devoradas por el batir de las
corrientes; y, por último, como todo cuerpo que sirve de alimento á
otro necesariamente ha de sufrir diminución, y la Tierra no solamente
es sepulcro sino también es madre de muchos seres, indudable es que la
Tierra ha de estar sujeta á pérdidas y reposiciones continuas.