157. _Dicere porrò hominum causâ voluisse parare..._

Decir, pues, que para bien de los hombres quisieron los dioses formar

el mundo y que por este favor les debemos gratitud; pensar que eterno

es é inmortal ha de ser lo existente; añadir que es un crimen aportar

razones encaminadas á probar que es destructible ese edificio labrado

por inteligencia divina, y fingir otras invenciones de esa especie ¡oh

Memmio! es delirar. ¿Qué beneficio habría de producir á los inmortales

nuestra gratitud, para que ese incentivo los moviera á realizar una

obra destinada solamente para nuestra dicha? ¿Qué motivos podrían tener

los dioses que desde toda eternidad habían vivido en reposo, para

concebir deseos de cambiar de vida en un momento dado? Aspira á una

mudanza de posición aquel que en su antiguo estado se encuentra mal;

pero el que no ha sufrido nunca daño y en serenidad pasa ilimitado

tiempo, ¿cómo puede sentir impulsiones para alterar su calma? Y si la

eternidad yacía en triste confusión hasta que brilló el origen creador

de las cosas, á nosotros ¿qué mal podía causarnos el no haber nacido?

Puede apetecer la vida el que felicidades goza desde que participa de

ella; pero el que nunca gustó delicias, ¿qué pierde si no es creado?

¿Cómo pudo germinar para los dioses el modelo de todas las cosas y la

idea del hombre? ¿cómo los númenes concibieron la obra que después

llevaran á cabo? Si la Naturaleza misma en desdoblamientos sucesivos no

dió la creación hecha, ¿de qué modo los dioses conocieron la fuerza

de los elementos simples y las aplicaciones que ofrecía? En todo

tiempo los primeros principios atraídos y repelidos mutuamente, por la

acción de su propia gravedad se han agitado con movimientos múltiples

en el espacio y de variadas maneras se han asociado en combinaciones

creadoras: no es, pues, admirable el hecho de que en el transcurso de

los tiempos, como resultado preciso de sus mudanzas y movimientos,

hayan constituido una Suma total con energías bastantes para ser

renovada perpetuamente.

Pero aunque no conociera las cualidades propias de los principios

generadores de todas las cosas, aún me atrevería á asegurar, mediante

la contemplación del cielo y de todas las cosas existentes en el

espacio, que de ningún modo el Universo ha podido ser hecho para

nosotros por inspiración divina: ¡tantos defectos contiene!

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 264 / 302 题