968. _Et quoi quisque ferè studio devincius adhæret..._

Las cosas que más nos inquietan durante el sueño son las que

constituyen especialmente nuestras habituales ocupaciones, las que

más tiempo nos han entretenido, las que más han solicitado nuestra

atención. Entonces el abogado instruye causas é interpreta leyes,

el general trata de combates y de asaltos, el piloto lucha con el

desencadenado viento y yo indago las causas del orden universal para

enseñar á mis conciudadanos los secretos de la Naturaleza; otros

hombres, en fin, mientras están dormidos, tienen la ilusión de varios

estudios y de artes varias. Aquellos que frecuentan los espectáculos

públicos, durante mucho tiempo conservan como introducidos en su alma

los simulacros de las impresiones recibidas en las fiestas á que

asistieron: ven reproducidos en su imaginación los mismos ejercicios, y

aun en estado de vigilia se representan el bailarín que salta y mueve

el flexible cuerpo, los acordes sonidos de la lira y el dulce lenguaje

de las cuerdas; creen asistir á las mismas reuniones á que en alguna

ocasión han concurrido y se figuran reproducidas las escenas que una

vez presenciaron: ¡grande es el poder que la voluntad crea, el uso

desarrolla y el hábito afirma entre los individuos de la especie humana

lo mismo que entre los animales! Pueden verse caballos briosos que en

profundo sueño sumidos se estremecen, se cubren de sudor, se mueven con

inquietud y dan fuertes resoplidos, como si en su imaginación vieran

expeditas las puertas del circo y desearan lanzarse por ellas en busca

del premio de la victoria: no pocas veces se ven perros de caza que en

sueño se agitan bruscamente, aullan, aspiran con ansia el aire como

si buscaran el rastro de las fieras, y aun en ocasiones, al despertar

en ese estado, corren detrás de los simulacros de ciervos que se

figuran fugitivos, hasta que recobran la posesión de sus sentidos y se

desvanecen sus errores; la mansa especie de los cachorros, acostumbrada

al domicilio de sus dueños, de repente abre sus ojos, sacude el

sopor que la embarga y asustada se pone de pié como si delante se le

ofreciera un desconocido rostro del que tuviera que defenderse; porque

tanto más incomodan las imágenes cuanto más ásperos son los elementos

que las forman: por último, algunas aves, entregadas á sosegado

sueño sin duda se figuran que otras rapaces se dirigen contra ellas

para destruirlas entre sus garras y devorarlas en el acto, cuando de

repente se lanzan presurosas en vuelo rápido y buscan refugio en los

impenetrables bosques.

¡Y cuán variados movimientos agitan profundamente el alma humana!

Mientras duermen, unos hombres combinan proyectos y realizan grandes

empresas; otros dan batallas, vencen reyes, caen prisioneros; no

pocos exhalan clamores, como si fueran degollados; muchos se quejan y

profieren dolorosos gemidos, porque se imaginan que se hallan entre

los dientes de una pantera ó que son despedazados por león implacable;

algunos se denuncian en sueños por faltas cometidas; éstos se creen ya

esclavos de la muerte; aquéllos se figuran que desde elevados montes

son precipitados á un abismo y se despiertan asustados y como fuera

de juicio hasta que recobran lentamente su tranquilidad; un sediento

piensa que se halla junto á un río ó en las proximidades de amena

fuente y que bebe el agua en abundantes sorbos; los niños, muchas

veces bajo el sueño, se creen próximos á pila ó vasija conveniente, se

levantan los vestidos y dejan escapar de su cuerpo líquidos sobrantes

que manchan el magnífico esplendor de las bordadas estofas. También

aquellos jóvenes para quienes empieza á surgir el vigor de la edad y

á sus miembros da el tiempo gérmenes fecundos ven simulacros de varia

especie que representan figuras bellas de color y de forma, las cuales

despiertan deseos y producen efusiones que dejan abundantes señales en

las ropas[50]. Cada objeto ejerce influencia sobre su órgano propio, y

solamente la imagen humana tiene poder para obligar al germen humano á

escaparse de su natural residencia.

[50] Desde este punto hasta el final del canto cuarto Lucrecio

trata un asunto muy difícil, con una viveza de expresión poco

grata para las exigencias de nuestra cultura. El traductor se ha

visto obligado á velar algunas frases y á rodear de obscuridad

algunos pensamientos del autor.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 254 / 302 题