Las cosas que más nos inquietan durante el sueño son las que
constituyen especialmente nuestras habituales ocupaciones, las que
más tiempo nos han entretenido, las que más han solicitado nuestra
atención. Entonces el abogado instruye causas é interpreta leyes,
el general trata de combates y de asaltos, el piloto lucha con el
desencadenado viento y yo indago las causas del orden universal para
enseñar á mis conciudadanos los secretos de la Naturaleza; otros
hombres, en fin, mientras están dormidos, tienen la ilusión de varios
estudios y de artes varias. Aquellos que frecuentan los espectáculos
públicos, durante mucho tiempo conservan como introducidos en su alma
los simulacros de las impresiones recibidas en las fiestas á que
asistieron: ven reproducidos en su imaginación los mismos ejercicios, y
aun en estado de vigilia se representan el bailarín que salta y mueve
el flexible cuerpo, los acordes sonidos de la lira y el dulce lenguaje
de las cuerdas; creen asistir á las mismas reuniones á que en alguna
ocasión han concurrido y se figuran reproducidas las escenas que una
vez presenciaron: ¡grande es el poder que la voluntad crea, el uso
desarrolla y el hábito afirma entre los individuos de la especie humana
lo mismo que entre los animales! Pueden verse caballos briosos que en
profundo sueño sumidos se estremecen, se cubren de sudor, se mueven con
inquietud y dan fuertes resoplidos, como si en su imaginación vieran
expeditas las puertas del circo y desearan lanzarse por ellas en busca
del premio de la victoria: no pocas veces se ven perros de caza que en
sueño se agitan bruscamente, aullan, aspiran con ansia el aire como
si buscaran el rastro de las fieras, y aun en ocasiones, al despertar
en ese estado, corren detrás de los simulacros de ciervos que se
figuran fugitivos, hasta que recobran la posesión de sus sentidos y se
desvanecen sus errores; la mansa especie de los cachorros, acostumbrada
al domicilio de sus dueños, de repente abre sus ojos, sacude el
sopor que la embarga y asustada se pone de pié como si delante se le
ofreciera un desconocido rostro del que tuviera que defenderse; porque
tanto más incomodan las imágenes cuanto más ásperos son los elementos
que las forman: por último, algunas aves, entregadas á sosegado
sueño sin duda se figuran que otras rapaces se dirigen contra ellas
para destruirlas entre sus garras y devorarlas en el acto, cuando de
repente se lanzan presurosas en vuelo rápido y buscan refugio en los
impenetrables bosques.
¡Y cuán variados movimientos agitan profundamente el alma humana!
Mientras duermen, unos hombres combinan proyectos y realizan grandes
empresas; otros dan batallas, vencen reyes, caen prisioneros; no
pocos exhalan clamores, como si fueran degollados; muchos se quejan y
profieren dolorosos gemidos, porque se imaginan que se hallan entre
los dientes de una pantera ó que son despedazados por león implacable;
algunos se denuncian en sueños por faltas cometidas; éstos se creen ya
esclavos de la muerte; aquéllos se figuran que desde elevados montes
son precipitados á un abismo y se despiertan asustados y como fuera
de juicio hasta que recobran lentamente su tranquilidad; un sediento
piensa que se halla junto á un río ó en las proximidades de amena
fuente y que bebe el agua en abundantes sorbos; los niños, muchas
veces bajo el sueño, se creen próximos á pila ó vasija conveniente, se
levantan los vestidos y dejan escapar de su cuerpo líquidos sobrantes
que manchan el magnífico esplendor de las bordadas estofas. También
aquellos jóvenes para quienes empieza á surgir el vigor de la edad y
á sus miembros da el tiempo gérmenes fecundos ven simulacros de varia
especie que representan figuras bellas de color y de forma, las cuales
despiertan deseos y producen efusiones que dejan abundantes señales en
las ropas[50]. Cada objeto ejerce influencia sobre su órgano propio, y
solamente la imagen humana tiene poder para obligar al germen humano á
escaparse de su natural residencia.
[50] Desde este punto hasta el final del canto cuarto Lucrecio
trata un asunto muy difícil, con una viveza de expresión poco
grata para las exigencias de nuestra cultura. El traductor se ha
visto obligado á velar algunas frases y á rodear de obscuridad
algunos pensamientos del autor.