Ahora, para explicarte el modo con que el sueño difunde la quietud por
los miembros[48] y expulsa los temores del ánimo, emplearé dulces,
aunque pocos versos, pues más grato es el débil cantar del cisne que el
graznar de las grullas, oído hasta en las nubes[49]. Concédeme atento
oído y ánimo reflexivo, y no rechaces sin meditación las razones que
voy á exponerte, ni con prevenciones caprichosas niegues demostradas
verdades: tuya, de todas maneras, será la culpa, si no adquieres
aptitud para discernir con acierto.
[48] La frase de Lucrecio es: _somnus per membra quietem
inriget_. Virgilio dijo después: _fessos sopor irrigat artus_.
[49] Repetición de los versos 175, 176 y 177 de este mismo canto.
Cuando la energía anímica dispersa por los órganos llega á
descomponerse, de tal modo que una parte de ella sale fuera del
cuerpo, mientras que otra parte en el interior de éste se condensa, el
sueño sobreviene. En este caso, las relaciones que entre los miembros
existen se quebrantan, y todos éstos caen en laxitud: el alma nos da
las sensaciones, pero no puede privarnos del sueño sin que la misma
substancia pensante ó racional se perturbe y sea lanzada fuera del
organismo, aunque no completamente, porque el frío de la muerte se
extendería por todo el ser, si en él no quedaran, como ascua entre
cenizas, partículas del alma que pudieran esparcirse en los miembros
á manera de súbita explosión, como del fuego latente surge la llama.
Pero ahora voy á explicarte las causas que producen languidez para el
cuerpo y turbación para el alma; procura que yo no vierta mis palabras
en el viento.
En primer lugar, es evidente que el cuerpo, siempre en contacto
con las auras aéreas, ha de recibir de éstas en su parte exterior
repetidos rozamientos, que puede sufrir sin contrariedades por estar
cubierto de cuero, de cerda, de concha, de piel callosa ó de cáscara;
y en su parte interior ha de sentir el aire aspirado que luego por
la espiración exhala; así el cuerpo, batido por dentro y por fuera,
recibe choques á través de los poros hasta en sus elementos primarios
constitutivos, y experimenta poco á poco abatimiento y cansancio. De
este modo conturbados y dislocados de su posición normal los principios
integrantes del ser, el alma se fracciona en partes, una que del cuerpo
sale, otra que oculta permanece en lo interior de éste y otra que se
esparce por todos los órganos; y no pueden reunirse las tres ni ejercer
movimientos mutuos, porque la Naturaleza les ha cerrado las entradas
y los caminos: consecuencia de este desorden es el desvanecimiento de
la sensación. Cuando este caso llega, el organismo pierde su vigor,
el cuerpo se debilita, languidecen todos los miembros, los brazos y
los párpados decaen, las piernas se abaten extenuadas, las fuerzas
desaparecen.
Y en segundo lugar, si después de la comida sobreviene el sueño, es
porque el alimento cuando se distribuye disuelto en las venas, produce
en éstas un efecto parecido al que en las mismas engendra el aire;
el sueño es pesado cuando al dolor del hambre sigue el placer de la
satisfacción, porque entonces son muchos los elementos que se reunen
para activar las funciones de la vida: en esta ocasión el alma penetra
en el cuerpo con mayor intensidad, se manifiesta al exterior con mayor
amplitud, y sus elementos componentes más se apartan y más se esparcen.