1043. _Sollicitatur id in nobis, quod diximus antè..._

El fluido generador, como antes he dicho, ejerce en nosotros cierto

influjo cuando la edad adulta fortalece los órganos: entonces se

reparte por todo el cuerpo, se acumula en los nervios é irrita los

aparatos propios que determinan arranques pasionales de amor ansioso de

emociones tranquilizadoras. En los combates se lucha cuerpo á cuerpo,

salta la sangre de allí donde se dirige enconado golpe y el vencedor

tan cerca de la víctima se halla que puede sacar manchado su vestido.

Así, pues, el que recibe el dardo punzante de Venus, ya sea éste

lanzado por mancebo de afeminada apariencia, ya por mujer que provoque

amor con todo su porte, desea aproximarse á quien lo hiere para

colmarlo de halagos: de este modo se despierta la pasión, que no es

otra cosa más que el ansia de conseguir un goce apetecido: ese deseo,

llamado Venus, lleva también el nombre de amor, penetra gota á gota en

el corazón y nos inunda con suaves dulzuras y férvidos cuidados; pues

aun cuando esté ausente la persona á quien amemos los simulacros suyos

estarán con nosotros y llevaremos su grato nombre en los oídos.

Pero si los simulacros encienden en nosotros exagerada pasión, debemos

huir de ellos, separarnos de todo lo que favorezca su concentración, y

distraer nuestra inteligencia entre objetos varios: si una exclusiva

pasión nos produce cuidados y tormentos que pueden acortar nuestra

vida, porque obra como llaga que se amplía por momentos, ó como frenesí

que aumenta por grados, ó como enfermedad que se agrava incesantemente,

es necesario que se busquen nuevas emociones para apaciguar la

anterior, y en una prudente inconstancia hallar medios para dar al

sentimiento rumbo distinto.

No se priva de las dulzuras de Venus aquel que evita el amor; por lo

contrario, obtiene frutos sin pasar quebrantos; pueden los individuos

sanos alcanzar dichas completas, pero no aquellos miserables que tienen

la razón trastornada, fluctúan con frenético ardor, fijan sus ojos y

no distinguen, lastiman con sus manos crispadas y hacen daño con sus

labios convulsos: todas esas rabiosas manifestaciones son incompatibles

con el verdadero amor; pero Venus con delicias quebranta las penas

y ahuyenta las amarguras. Se espera equivocadamente que tenga poder

bastante para apagar la llama del amor el mismo ser que ha podido

encenderla; pero esa pretensión es contraria al orden natural: es el

amor un vivo afán que más se excita cuanto más se lisonjea. Cierto es

que las substancias alimenticias sólidas ó líquidas, al asimilarse á

nuestros órganos fácilmente matan la necesidad que de ellas tenemos;

pero un semblante agraciado y un color bello no dan de sí más que

simulacros tenuísimos que solamente producen una vaga esperanza con

facilidad desvanecida en el aire: como el sediento se esfuerza en beber

durante el sueño y no consigue extinguir la sed en que sus miembros

arden, porque los simulacros del agua no llegan á sus labios aunque el

necesitado se imagina que se halla dentro del agua, así Venus burla

con los simulacros á los apasionados que no pueden apagar su deseo

con la mera contemplación del objeto que aman; ni tampoco mediante el

movimiento de las manos que errantes vagan inciertas por el cuerpo

amado como si en él buscaran algo que los satisficiera.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 255 / 302 题