734. _Nunc age, quæ moveant Animû res, accipe; et unde..._

Aprende ahora, pues, aprende á conocer en pocas palabras las

substancias que mueven el ánimo, de dónde proceden y cómo á él llegan.

Primeramente digo que en toda la extensión del espacio vagan y giran

de variados modos innumerables y muy tenues simulacros de las cosas,

los cuales al encontrarse en las auras fácilmente se coaligan, como los

hilos de araña y las hojuelas de oro; es su levedad aún mayor que la de

las efigies, cuyas finísimas partículas tocan en los ojos y motivan la

visión, y de seguida penetran por el aparato visual, mueven la íntima

naturaleza del ánimo y excitan de éste la potencia sensible; merced

á ese proceso podemos representarnos Centauros, personificaciones de

Escilas, triplicadas cabezas de cerberos, y aun imágenes de personas

cuyos huesos cubre ya la tierra. En todas partes existen simulacros

de variadas especies; unos que espontáneamente se forman en el aire,

otros que son procedentes de las cosas y fuera de ellas se combinan

de múltiples modos: ciertamente la imagen del Centauro no responde á

ningún ser real, porque nunca ha existido un animal de su figura; pero

las imágenes del hombre y del caballo pueden fácilmente encontrarse,

y unirse como antes he dicho, á causa de su naturaleza sutilísima,

apropiada para conjunciones sutiles. De manera igual se han formado

otras representaciones; porque los simulacros por su agilidad se mueven

instantáneamente y con su delicado impulso pueden mover la acción del

ánimo, dotado también de admirable movilidad y de sutileza extrema.

Fácilmente puedes comprender la manera cómo se realizan esos hechos

de que ya he hablado, si consideras que nuestros ojos son capaces

de ver lo que en nuestra alma se halla, supuesto que la percepción

de la imagen y la representación en nuestra alma son dos instantes

de un mismo fenómeno; y si no podemos ver leones, como ya he dicho,

sino por medio de simulacros que nuestros ojos impresionen, lícito

ha de ser pensar que los simulacros de los leones llegarán á nuestro

entendimiento como otros de la misma especie tocan á nuestros ojos,

si bien aquéllos deben ser más tenues que los segundos. Y no por otra

razón es posible que el ánimo se halle vigilante cuando el sueño abate

los miembros, á no ser porque los simulacros estimulen nuestro ánimo

lo mismo que si estuviéramos despiertos, y así, dormidos nos figuramos

ver á personas que llegaron al término de la vida y de las cuales se

apoderó la muerte. En la Naturaleza se realizan esas ilusiones por

causa del profundo sueño de los sentidos que imposibilita á éstos para

conocer la verdad, y del abatimiento de la memoria que, adormecida, no

distingue que pertenece á la muerte algo de lo que la imaginación nos

da revestido con las apariencias de la vida.

Tampoco debe extrañar que los simulacros se muevan y al parecer agiten

con regularidad los brazos y otros órganos; forman una imagen más fugaz

que el mismo sueño, porque en éste, apenas una primera ilusoria efigie

se disipa, otra quizá muy diferente le sucede, tal vez sin solución de

continuidad, y por esta causa varias imágenes sucesivas parecen una

sola que cambia y varía repentinamente de gesto. Aún respecto á este

orden de ideas tenemos que hacer muchas indagaciones y muchos puntos

obscuros tenemos que aclarar si deseamos exponer con claridad el asunto

que ahora nos preocupa.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 249 / 302 题