699. _Hic odor ipse igitur, nares cuicunque lacessit..._

Este mismo olor, pues, irrita las fosas nasales, y aunque las moléculas

que lo producen tienen bastante alcance, no pueden ir tan lejos como

las del sonido y la voz, y especialmente, según ya he dicho, como los

simulacros que hieren los ojos y excitan la visión, porque aquéllas

se esparcen, se propagan lentamente, se descomponen con facilidad

en las auras y mueren con rapidez. Este fenómeno se realiza, en

primer término, porque las emanaciones se originan sólo de la parte

superficial de los cuerpos, y no admite duda que la energía de los

efluvios de lo interior procede, como lo prueba el hecho de que más

olor den los cuerpos que se fracturan, se machacan ó se descomponen

al fuego; y en segundo lugar, se nota que las partículas estimulantes

del olfato son más gruesas que las del sonido, por cuanto aquéllas no

pueden penetrar á través de los muros, mientras que éstas fácilmente se

transmiten. Demás de lo dicho, fácil es comprobar que las emanaciones

odoríferas no dan á conocer el lugar en que se hallan los cuerpos de

que dimanan; las auras los contrarían y marchan con lentitud ó se

disipan; nunca proceden como diligentes mensajeros que llevan rápidas

noticias de las cosas al sentido correspondiente: por esa causa muchas

veces los perros pierden el rastro que siguen.

Y no solamente las emanaciones sápidas y olfatorias tienen

acomodamiento desigual para los seres; también unas mismas imágenes y

unos mismos colores impresionan de manera distinta á diferentes ojos,

y aun á algunos produce afección dolorosa lo que á otros no molesta;

por ejemplo, el gallo, que ahuyenta la noche con sus alas y saluda

con vibrante voz la aurora, causa terror á los leones, que ante su

presencia huyen, tal vez porque del cuerpo de aquella ave doméstica

surgen substancias moleculares que se introducen en la pupila de los

ojos del león, el cual, á pesar de su ferocidad, sufre con ellas dolor

fuerte é irresistible; sin embargo, á nosotros no nos causan daño, bien

porque las mencionadas partículas no tienen acceso en nuestros ojos,

bien porque si en ellos penetran encuentran fácil salida sin ofender

nuestro aparato visual.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 248 / 302 题