No pocas veces un edicto publicado por el pregonero llega á los oídos
de varias personas como si una sola voz se dividiera en muchas y cada
una fuera distintamente conducida por el aire al órgano apropiado de
cada individuo. Las voces que no encuentran oído que las recoja,
siguen su camino y se pierden esparcidas por los aires ó chocan en
algunos cuerpos que las devuelven por repercusión: en este último caso
producen muchas ilusiones porque las palabras se propagan en el espacio
que las rechaza de un modo parecido á la manera como los espejos
reflejan las imágenes. Enterados en las causas que producen este
fenómeno, bien podremos comprender y explicar á los demás, por qué en
ciertos lugares solitarios las peñas repiten los gritos articulados con
que llamamos á los demás compañeros perdidos. Hay sitios, y yo conozco
alguno, que reproducen seis ó siete veces las palabras que una sola vez
hayamos pronunciado; inmediatamente que son emitidas, de otero en otero
vuelan fielmente reflejadas. Los pueblos que residen en las cercanías
de esos lugares, suponen que éstos se hallan ocupados por sátiros de
piés de cabra, ninfas y faunos, los cuales bailan en las soledades,
interrumpen de los bosques el silencio con nocturnos conciertos,
y exhalan quejumbrosas voces acompañadas por el sonido suave de
instrumentos de cuerda, y por la plañidera flauta que muy hábiles
manejan. Dicen, además, que los habitantes de esos campos reciben la
visita del dios Pan, el cual se les presenta con la semisalvaje cabeza
adornada por pínea corona, con el caramillo entre sus labios ondulados
que de los cañutos hacen brotar interminables notas, para recordar
la harmonía perenne de la campestre musa. Otros varios prodigios nos
cuentan los vecinos de aquellas comarcas, ya para que entendamos que su
país merece las atenciones de los dioses, ó ya con otros fines, pues es
muy cierto que á los hombres seduce el misterio.