No me parece difícil de explicar ahora el proceso que sigue para
manifestarse la acción de los otros sentidos: en primer término, las
ondulaciones sonoras y la voz afectan el oído cuando los elementos
correspondientes llegan al pabellón de la oreja y penetran por el
conducto auditivo: luego si las vibraciones excitadas por la voz y
cualquier otro sonido obran sobre nuestros órganos propios, no puede
negarse que son de naturaleza corpórea. En ocasiones la voz emitida
ofende la garganta y los gritos lanzados con violencia irritan la
tráquea, porque los principios materiales que forman la voz se
precipitan en número considerable por el estrecho tubo aéreo, lo
llenan, y luego al salir dañan el orificio laríngeo por donde se
esparce la voz en las auras: luego si la voz y el sonido en ocasiones
pueden producirnos dolor, sus elementos, no podemos negarlo, han de
ser corpóreos. Y no ignoras que si alguien comienza á hablar desde que
la aurora dibuja en el horizonte su tenue luz, y no cesa hasta que las
sombras de la noche se extienden, experimenta cansancio de fuerzas,
debilidad de nervios, languidez en todo el cuerpo, y mucho más si
mantuvo la conversación en voz alta: luego es indudable que la voz es
corpórea si produce detrimento mayor cuanto más se ejercita.
De elementos rudos procede la aspereza de la voz y su dulzura de
elementos suaves; también corresponden á otros apropiados el atronador
ruido que la trompeta envía á largas distancias, el áspero zumbido
que retumba de corneta retorcida y los amargos quejidos con voz
lúgubre lanzados por los cisnes que habitan los helados valles del
Helicón. Cuando intentamos representar por medio de palabras nuestro
pensamiento, formamos voces que los órganos bucales emiten, la lengua
articula y los labios moldean con su especial configuración. Siempre
que la voz articulada no tiene que recorrer un largo espacio desde los
órganos que la producen hasta los oídos que la reciben, las palabras
se oyen claras, distintas, con su propio sonido; pero cuando atraviesa
dilatada extensión se descompone, se desvanece en las corrientes de
aire; así, aun cuando oigas la voz, no podrás precisar sus inflexiones,
y, por tanto, no comprenderás el significado que tengan, porque habrá
llegado confusa á tu oído.