Comprenderás que las ideas fundamentales provienen de los sentidos,
que si no pueden engañar deben inspirarnos confianza, porque mediante
la investigación de verdades nuevas ellos mismos pueden vencer sus
antiguos errores. ¿Hay algo que nos merezca mayor fe que los sentidos?
¿Puede suponerse que la razón deponga contra ellos cuando todos los
datos de que se vale solamente de los sentidos proceden? Si fueran
falsos los antecedentes que ministran á la razón, falso ha de ser el
juicio que ésta forme acerca de las cosas. ¿Podrá el oído corregir á
los ojos, ó el tacto al oído? ¿Podrá el sabor rectificar al tacto,
ó á los ojos el paladar? Entiendo que no, porque tiene cada aparato
sensitivo su acción privativa y su peculiar energía; por esta causa
ocurre que la blandura, la dureza, la frialdad y el calor se determinan
por el órgano adecuado, el cual da también á conocer cómo sea lo
blando, lo duro, lo frío y lo caliente; los colores de las cosas y todo
lo que á los colores pertenece afectan á otro órgano, y separadamente
el sabor, el olor y el sonido se originan en esfera propia. Es un
hecho que unos sentidos no pueden corregir á otros ni reprenderse á sí
mismos; luego todos deben inspirarnos igual confianza: lo que para los
sentidos es verdad confirmada por el transcurso del tiempo, verdad es.
Y si la razón no pudiese alcanzar la causa de que los objetos realmente
cuadrados nos parezcan redondos vistos á distancia, vale más traducir
equivocadamente la defectuosa idea que tengamos de ambas figuras, que
dejar escapar de la mano los hechos patentes, negar el principio de
toda certeza y destruir los fundamentos en que descansa todo nuestro
bienestar y nuestra vida. No solamente se trata de evitar que la razón
por falta de base caiga arruinada, sino que la vida misma se haga
imposible como sucedería en el instante en que dejáramos de confiar
en los sentidos: hay que tramontar los precipicios que amenazan la
existencia racional, poner en fuga los daños que puedan perjudicarla y
atraer todo lo que la beneficie. Debes, pues, considerar como palabras
baldías todas las que sirvan para declamar contra los sentidos.
Así como en la construcción de un edificio, si imperfectos son los
planos que sirven de guía, ó si alguno de los muros que se levantan en
la fábrica se aparta de la perpendicular, ó si el nivel es falso en
alguna parte, la obra resulta disforme, defectuosa, inclinada, torcida,
sin gracia, de techos peligrosos, y amenazará ruina, ó al cabo se
desplomará como levantada contra las reglas más elementales del arte de
las construcciones, así también la razón habrá de admitir errores si
funciona sobre falsos datos de los sentidos.