449. _Denique, cùm suavi devinxit membra sopore..._

Finalmente; cuando el sueño domina los sentidos con dulce sopor y el

cuerpo yace en completo reposo, nos parece en ocasiones que estamos

vigilantes y que nuestros miembros se mueven: en noche envuelta

por densa obscuridad, creemos ver el Sol y gozar de la luz diurna;

que varían de lugar los astros, el mar, los ríos, los montes; que

recorremos á pié campos extensos; que de noche en el silencio oimos

varios ruidos, y por último, que respondemos cuando estamos callados.

Aunque muchos hechos de esa especie sean, en verdad, sorprendentes, no

deben servir para quebrantar la confianza que tengamos en el testimonio

de los sentidos, por más que den como realidades ilusiones fantaseadas

por el ánimo y en algunas veces creamos distinguir cosas que no pueden

existir. Difícil es, ciertamente, el fijar la diferencia que existe

entre las apariencias fenomenales y la realidad de las cosas, pero no

debe el ánimo dejarse vencer por las dudas.

Quien dice que nada se sabe, afirma contra su propia opinión; pues

nada podrá saber aquél que confiesa que no puede saberse nada[46]. No

pretendo contender con el que se pone en desacuerdo consigo mismo; pero

si concediese como probado el principio de que nada se sabe, aún habría

de preguntar al que negase toda seguridad en el juicio formado: ¿De qué

medio se vale para diferenciar lo que sea saber y no saber, y dónde

pudo adquirir noticia de la verdad y del error, ya que no es posible

discriminar la duda y la certeza?

[46] Aristóteles decía á los escépticos: Ó sabéis ó no sabéis: si

sabéis que no sabéis, algo sabéis; si no sabéis que no sabéis no

podéis afirmar que no sabéis.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 241 / 302 题