Cuando en medio de un río que pasamos por un vado se detiene el caballo
que montamos y dirigimos la vista hacia las aguas, nos parece que el
cuadrúpedo, aunque inmóvil, es llevado contra la corriente; y si á
cualquiera otra parte convertimos la mirada creeremos que todos los
objetos son arrastrados de igual manera.
Si contemplamos un pórtico de columnas paralelas é iguales, de modo que
nuestra vista domine toda su extensión en sus dimensiones de longitud
y latitud, notaremos que las columnas parecen juntarse cada vez más;
que se estrecha el espacio que las separa; que el techo se aproxima al
suelo; que los dos lados se tocan; y por último, veremos una capacidad
confusa de forma cónica: los navegantes, que no ven más que cielo y
agua, piensan que el Sol nace en las ondas y que en ellas oculta su
fulgor. No creas, temerario, por estos hechos que los sentidos engañen.
Las naves en el mar batidas por el oleaje parecen destrozadas y con las
banderolas deshechas, al ignorante que desde el puerto las mira; porque
observa que una parte de los remos y del timón es recta, pero otra
parte, sumergida en las aguas, por efecto de la refracción de la luz,
á sus ojos se ofrece como si estuviera rota: durante la noche suelen
verse espléndidos astros que más allá de las nubes se mueven, por el
viento impelidos, en dirección opuesta á aquéllas; y claro es que
vemos lo contrario de lo que es en realidad: si con un dedo te haces
presión en la parte inferior del globo ocular podrás ver duplicadas las
cosas; contemplarás dos luces en cada luz que mires, dobles los muebles
de tu casa y los hombres con dos rostros y dos cuerpos.