382. _Qua vehimur navi, fertur, cùm stare videtur..._

Nos parece que está inmóvil el barco en que navegamos, y se nos figura

que marchan cosas que están fijas: cuando con velas hinchadas la nave

que nos conduce hiende las ondas y nos transporta velozmente, creemos

que huyen de nosotros los campos y las colinas: las estrellas se nos

muestran como estacionadas en la bóveda etérea, aunque siempre están

en movimiento y aparecen en un lado para ir á perderse en el opuesto

después de haber lucido su brillante masa en los espacios siderales: de

igual manera creemos ver en reposo el Sol y la Luna, aunque la razón

nos dice que se mueven: desde el mar se observa, como si formaran

una sola isla que brotase de las aguas, varias montañas entre cuyas

gargantas podría maniobrar numerosa flota: los niños, después de dar

muchas vueltas creen al pararse que la casa anda con movimiento de

rotación, y que giran las columnas de la sala en que juegan, y aun

temen que el edificio se desplome sobre ellos.

Cuando en cumplimiento de las leyes de la Naturaleza el Sol comienza

á dirigir sus trémulos rayos por encima de las montañas, y crees ver

que el rojo disco reposa en ellas y con su manto de fuego las toca,

repara que esos montes no distan de nosotros dos mil tiros de saeta,

y muchas veces ni aun quinientos; entre esas montañas y el Sol median

muchos mares que tienen por cubierta el cielo, é innumerables tierras

ocupadas por diversas clases de gentes y muchas especies de fieras. En

un charco de agua de muy escasa profundidad, formado entre las piedras

de la calle, parece que se ven un cielo abierto, nubes aglomeradas, un

profundo abismo y muchos cuerpos escondidos bajo la tierra.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 239 / 302 题