319. _Splendida porrò oculi fugitant, vitantque tueri._

La presencia de cuerpos brillantes ofende á los ojos, los cuales

procuran evitarla; el Sol ciega á aquel que lo mira de frente, porque

sus rayos son intensos y porque los simulacros que emite con rapidez

atraviesan las distancias, y con sus fulgores lesionan los ojos y

trastornan el aparato visual; una claridad viva contiene moléculas de

fuego, y como éste, quema los ojos al penetrar en ellos.

Los ictéricos ven todas las cosas teñidas con el color amarillo, como

si de su organismo dimanaran partículas de aquel color, las cuales se

mezclaran con los simulacros, ó bien porque sus ojos están saturados

de moléculas de esa coloración é impresionan las imágenes que se les

aproximan.

Desde un sitio obscuro vemos los objetos que se encuentran rodeados

por la luz, porque si bien las sombras que se hallan próximas á los

ojos invaden á éstos, son inmediatamente rechazadas por los rayos

luminosos que también penetran en los órganos de la vista, y por su

acción enérgica, viva y veloz, disipan las tinieblas; cuando todas

las partes de los ojos que habían sido ocupadas por la obscuridad

quedan iluminadas, los simulacros de los cuerpos que están en la luz

se introducen en ellas y se efectúa el fenómeno de la visión. Por lo

contrario, desde un sitio bañado por la claridad no se puede ver lo

que haya en un próximo lugar obscuro, porque las sombras, al llegar

en segundo término, obstruyen los órganos de la visión y no dejan que

pasen los simulacros emanados por los cuerpos.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 237 / 302 题