La presencia de cuerpos brillantes ofende á los ojos, los cuales
procuran evitarla; el Sol ciega á aquel que lo mira de frente, porque
sus rayos son intensos y porque los simulacros que emite con rapidez
atraviesan las distancias, y con sus fulgores lesionan los ojos y
trastornan el aparato visual; una claridad viva contiene moléculas de
fuego, y como éste, quema los ojos al penetrar en ellos.
Los ictéricos ven todas las cosas teñidas con el color amarillo, como
si de su organismo dimanaran partículas de aquel color, las cuales se
mezclaran con los simulacros, ó bien porque sus ojos están saturados
de moléculas de esa coloración é impresionan las imágenes que se les
aproximan.
Desde un sitio obscuro vemos los objetos que se encuentran rodeados
por la luz, porque si bien las sombras que se hallan próximas á los
ojos invaden á éstos, son inmediatamente rechazadas por los rayos
luminosos que también penetran en los órganos de la vista, y por su
acción enérgica, viva y veloz, disipan las tinieblas; cuando todas
las partes de los ojos que habían sido ocupadas por la obscuridad
quedan iluminadas, los simulacros de los cuerpos que están en la luz
se introducen en ellas y se efectúa el fenómeno de la visión. Por lo
contrario, desde un sitio bañado por la claridad no se puede ver lo
que haya en un próximo lugar obscuro, porque las sombras, al llegar
en segundo término, obstruyen los órganos de la visión y no dejan que
pasen los simulacros emanados por los cuerpos.