Ahora considera por qué motivo en el espejo se ve la imagen de las
cosas, y por qué parece reflejada á cierta distancia de aquél: ese
fenómeno obedece á la misma causa que nos hace ver á lo lejos desde
lo interior de la casa, cuya puerta esté abierta, los objetos que se
hallan fuera, aunque fronteros. Dos corrientes de aire hieren la vista;
se extiende una entre la puerta y el observador, y conduce á los ojos
de éste la imagen de la puerta y la de las cosas que se hallan á los
dos lados de esta última; la otra que impresiona en segundo lugar, y es
procedente de fuera, guía las imágenes de los objetos exteriores. Lo
mismo se nota en el espejo, cuya imagen viene á nosotros conducida por
el aire existente en el espacio que media entre él y nuestros ojos. Así
la vemos de seguida, lo primero; y después, en segundo término, cuando
la vista puede fijarse en el espejo, percibimos en él reflejada nuestra
propia imagen, que otra corriente de aire nos trae. Queda así explicada
la causa que nos hace ver la imagen á cierta distancia del espejo. Dos
corrientes de aire, una después de otra, producen este resultado.
Todas las cosas que están á nuestra derecha, en el espejo se ven á la
izquierda, porque la imagen del cuerpo que de frente se halla ante el
metal bruñido, también de frente se refleja, y, por tanto, en posición
cambiada. Igualmente, si en una mascarilla de greda aplicas barro
humedecido y lo aprietas fuertemente, obtendrás una figura, en la cual,
además de aparecer las partes salientes como entrantes, notarás que el
ojo derecho se muestra como izquierdo, y el izquierdo como derecho.
Sucede también que la imagen transmitida por unos espejos á otros,
cinco ó seis veces se reproduce. Todo lo que detrás de ti queda, ó
debajo ó á los lados, aun cuando se halle muy distante, lo puedes ver
reflejado varias veces en los espejos con que adornas tu casa; cada
uno copia la imagen proyectada en otro, y si uno la presenta hacia tu
derecha, otro la da á la izquierda, y en un tercero la verás restituida
á su primera posición.
No obstante lo dicho, las imágenes aparecen iguales en un espejo
compuesto de varias facetas; al mismo lado ofrecen todas la parte
correspondiente á nuestra mano derecha; pero también sucede que las
imágenes reflejadas se encuentren, se junten y den otra en la forma
primitiva, ya porque la simetría se deshaga por la conjunción de unas y
otras, ó ya porque la figura se cambie al convertirse para nosotros.
Los simulacros avanzan y se alejan con nosotros, é imitan nuestros
movimientos; pero si nos retiramos definitivamente del sitio en que
se halle el espejo, éste deja de dar nuestra efigie. Es ley de la
Naturaleza, en todo caso, que la imagen recibida en el espejo sea igual
á la reflejada.