Los simulacros de que ahora hablo se emiten de todos los cuerpos y se
dispersan por todas partes; y como los ojos no nos sirven más que para
ver, cualquiera cosa á la cual los convertimos solamente nos da la
imagen de su propio color y de su propia forma, único medio de conocer
los cuerpos á distancia, pues tocan á nuestros ojos las emanaciones que
los cuerpos exhalan y de las cuales se llena el espacio: la corriente
de esas emanaciones circula por el aire, se desliza junto á los órganos
visuales, roza levemente la pupila y sigue su curso. También de ese
modo conocemos las distancias que nos separan de las cosas; porque á
medida que es mayor la masa de aire movida por las emanaciones al tocar
nuestros ojos, más velozmente se aleja y más distante se nos figura
el objeto que miramos. Ese movimiento es sumamente rápido, y por esta
razón simultáneamente formamos juicio de las cosas y de las distancias
á que se encuentran.
Y no debe producir extrañeza el hecho de que los simulacros, si bien
formados por pequeñísimas partes invisibles afecten el órgano de la
visión y nos permitan percibir las cosas: también sentimos el aire
frío, no por la influencia de cada una de sus moléculas componentes,
sino por el efecto que nos comunica la totalidad del fluido aéreo.
Parecida impresión recibimos por el contacto con cualquier otro cuerpo:
si ponemos un dedo sobre una piedra tocaremos de ella un punto de la
superficie colorada; pero la representación que en el acto nos formemos
será correspondiente á la cualidad y dureza de toda la piedra.