234. _Nunc ea, quæ dico, rerum Simulacra, feruntur..._

Los simulacros de que ahora hablo se emiten de todos los cuerpos y se

dispersan por todas partes; y como los ojos no nos sirven más que para

ver, cualquiera cosa á la cual los convertimos solamente nos da la

imagen de su propio color y de su propia forma, único medio de conocer

los cuerpos á distancia, pues tocan á nuestros ojos las emanaciones que

los cuerpos exhalan y de las cuales se llena el espacio: la corriente

de esas emanaciones circula por el aire, se desliza junto á los órganos

visuales, roza levemente la pupila y sigue su curso. También de ese

modo conocemos las distancias que nos separan de las cosas; porque á

medida que es mayor la masa de aire movida por las emanaciones al tocar

nuestros ojos, más velozmente se aleja y más distante se nos figura

el objeto que miramos. Ese movimiento es sumamente rápido, y por esta

razón simultáneamente formamos juicio de las cosas y de las distancias

á que se encuentran.

Y no debe producir extrañeza el hecho de que los simulacros, si bien

formados por pequeñísimas partes invisibles afecten el órgano de la

visión y nos permitan percibir las cosas: también sentimos el aire

frío, no por la influencia de cada una de sus moléculas componentes,

sino por el efecto que nos comunica la totalidad del fluido aéreo.

Parecida impresión recibimos por el contacto con cualquier otro cuerpo:

si ponemos un dedo sobre una piedra tocaremos de ella un punto de la

superficie colorada; pero la representación que en el acto nos formemos

será correspondiente á la cualidad y dureza de toda la piedra.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 235 / 302 题