211. _Quare etiam atque etiam mitti hæc fateare necesse est..._

Preciso es declarar con insistencia que esas emanaciones, al ponerse

en contacto con nuestros ojos excitan el fenómeno de la visión[45].

Constantemente de ciertos cuerpos se desprenden olores, como de los

fluidos surge frío, del Sol calor y de los mares sal que socava los

edificios situados en las playas: por el aire vagan siempre muchos

sonidos; cuando paseamos por las orillas del mar notamos el gusto

á salobre que nos impresiona débilmente; cuando asistimos á la

preparación del absintio paladeamos el amargor de esa planta perenne.

Luego es indudable que de todos los cuerpos se desprenden mínimas

partes que se diseminan por el espacio; no permanecen en reposo, ni

pueden ser detenidas en su curso; por su medio experimentamos continuas

sensaciones, y en todo caso podemos ver, oir y oler.

[45] Parece que hay contradicción entre lo que ahora sostiene

Lucrecio y lo que expuso en los versos contenidos en los números

739 al 852 del canto segundo; pero debe tenerse en cuenta que,

según Epicuro, cuya doctrina siguió Lucrecio, para que se efectue

el fenómeno de la visión se necesita la concurrencia de dos

clases de emanaciones, una procedente de todos los cuerpos y otra

de la luz que se mezcla con la anterior.

Además, si en la obscuridad reconocemos por el tacto un cuerpo que

antes hubiéramos visto á la luz, deben ser muy semejantes las causas

inmediatas del tacto y de la visión; por igual motivo, si en las

tinieblas tocamos un objeto de figura cuadrangular y de él adquirimos

idea, ¿lo podremos confundir á la luz con otro de distinta forma? Luego

la principal causa para la visión la dan las mismas imágenes, sin las

cuales no podríamos tener representaciones de las cosas.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 234 / 302 题