¡Con cuánta facilidad los simulacros de esa clase emanan continuamente
de las cosas, y con cuánta rapidez se desvanecen! Unos penetran en
cuerpos de condiciones análogas al paño; otros son detenidos por
objetos como la madera y las piedras, incapaces para reflejarlos;
pero otros simulacros emitidos por seres colocados frente á un espejo
ó cuerpo diáfano, lúcido y compacto, si bien no entran en éste como
en el paño, tampoco se desvanecen como si estuvieran en presencia de
cuerpos opacos y antes de ser reproducidos en imagen, por virtud del
fenómeno de la reflexión. Tan pronto como un cuerpo se halla enfrente
de una superficie pulimentada, en ésta aparece la efigie de aquél;
este hecho, repetido muchas veces, te demostrará que de los objetos
se derivan tenues figuras de textura tenue. Luego los simulacros se
producen con rapidez incomparable.
Y así como la luz solar en breve tiempo se propaga en el espacio
mediante emanaciones innumerables, de igual modo es preciso que los
simulacros se emitan incesantemente en todas direcciones para que
sea posible que en cualquier sitio donde se coloque un espejo, éste
reproduzca la imagen de las cosas que se le presentan, con su forma
peculiar y con su propio color.
En ocasiones, cuando el cielo está claro y limpio, de repente la
obscuridad reemplaza á la luz, como si todas las imaginadas tinieblas
del infierno se hubieran precipitado para ocupar las cavidades
celestes; todo lo envuelve noche tempestuosa; ruidos procedentes de las
alturas llenan de pavor á los mortales. Pues bien; nadie podrá explicar
la relación exacta que exista entre la imagen que se nos muestra y el
cuerpo que produce el fenómeno que absortos contemplamos.