Los olores, el humo, el calor, y otras emanaciones similares á éstas,
se difunden fácilmente en el aire porque tienen su origen en lo
interior de los cuerpos, y al salir de éstos hallan obstáculos que
los obligan á separarse de la línea recta y á esparcirse por donde
logran abrirse camino; pero la tenue película de los colores, puede, al
extenderse, conservar la misma forma que tiene en los cuerpos de que
procede, porque, de lo exterior surgida, nada se le opone para que siga
la dirección recta.
Los simulacros se muestran en los espejos, en el agua, en las
superficies pulimentadas; y pues tienen la misma apariencia de
los seres que representan, han de ser imágenes de estos mismos.
Es indudable que los cuerpos sensibles de fáciles emanaciones se
reflejarán mejor que aquellos otros de moléculas muy tenues cuyo poder
para manifestarse ha de ser muy escaso.
Cuerpos hay, no obstante, que nos dan sus imágenes muy disipadas,
y, por lo extendidas, invisibles; pero si las emanaciones que
repetidamente exhalan chocan en un espejo, se recogen, se reunen, se
reflejan y se hacen perceptibles para el sentido de la vista: por esta
causa los espejos representan fielmente la figura de las cosas que
tienen delante.
Ahora debes considerar cuán delicadas y sutiles han de ser las
imágenes de cuerpos que existen sumamente pequeños, tanto que la vista
más perspicaz apenas distinguirlos consigue. Con este motivo voy á
confirmarte en pocas palabras lo que ya sabemos acerca de la tenuidad
de los primeros principios de las cosas.