Si los hombres pudiesen conocer el origen de sus desdichas, no
sufrirían en el ánimo la abrumadora pesadumbre, que oprime su pecho.
Cada cual procura distraerse, y entre agitaciones y afanes vive con
inquietud, ignora lo que desea, no sabe lo que busca, y como si
quisiera librarse de sus propias preocupaciones, incesantemente cambia
de sitio aunque no encuentra el que le sirva para deponer su carga.
Uno abandona su palacio suntuoso porque no halla en él tranquilidad,
é inmediatamente regresa porque no se considera lejos de su casa más
feliz que en ella; otro corre á una quinta de su propiedad con la
precipitación que llevaría si fuera á apagar un incendio, y apenas pasa
los umbrales de su nueva residencia se encuentra incómodo y procura con
el sueño olvidarse de sí mismo, ó vuelve con la misma agitación á su
habitual morada: parece que todos pretenden huir de su propia persona,
y como no lo consiguen se resignan á sufrir sus ansias y desasosiegos:
ninguno conoce las causas de su malestar; pero si cada cual pensara
con reposo, dejaría preterida toda clase de vanos empeños y buscaría
remedio para su desdicha en la investigación de los fenómenos
naturales, pues no se trata de arreglar intereses del momento, sino
de conocer lo que sea de los hombres después de la muerte y por toda
eternidad.