Sin vacilar, tú mismo puedes reconvenirte del siguiente modo: «Anco
el bueno[40] que fué mejor que tú, malvado, en muchas cosas, cerró
sus ojos á la luz; todos los reyes y potentados que en otros tiempos
gobernaron á muchas gentes sucumbieron á pesar de su poder: aquel mismo
que en remotos días supo atravesar los mares y enseñó á sus legiones
á pasarlos sin riesgo, y salvó en la obscuridad los abismos de las
aguas y despreció los estruendos del Océano[41], también murió por la
separación del alma y el cuerpo: Escipión, rayo de la guerra, terror
de Cartago, entregó sus huesos á la tierra, lo mismo que el más vil
de sus esclavos: los investigadores de las ciencias, los ordenadores
de las artes, y los compañeros de las Musas, entre los cuales Homero
lleva el cetro, en sueño eterno reposan: Demócrito, cuando advirtió
que su inteligencia se debilitaba por el natural efecto de la edad,
voluntariamente rindió su cabeza á la muerte: el mismo Epicuro, aquel
que por su genio superó á todos los individuos de la raza humana,
y como brillante Sol eclipsó todas las estrellas que en el cielo
del saber hasta su época habían lucido, también llegó al término de
la vida. ¿Y tú, asustado y temeroso, te indignas porque tienes que
morir, cuando tu vida es una lenta agonía? ¿Pues no consumes una parte
de tu existencia en el sueño? Y aun despierto, ¿no sueñas muchas
veces, y en otras tampoco dispones de tu inteligencia perturbada con
preocupaciones? ¿Cómo quieres vivir si no sabes hallar, desdichado, los
motivos de los males que te rodean, y cuando la incertidumbre y los
prejuicios te oprimen el ánimo que vacila entre errores?»
[40] Anco Marcio, cuarto rey de Roma (hace 2530 años).
[41] Jerjes I, rey de Persia (hace 2380 años).