Ante nuestros ojos tenemos también la alegoría de Sísifo, aplicable
á aquellos que resuelven pedir al pueblo los haces y las cortantes
segures[39], y siempre tienen que retirarse tristes y desairados.
Solicitar honores que en rigor nada valen, pero cuya consecución es
muy difícil, es lo mismo que luchar esforzadamente por llegar hasta la
cumbre de una montaña, cargado con una piedra enorme, que siempre, al
ser acercada á la cima se resbala, y después de recorrer el inclinado
plano del monte, con la violencia adquirida rueda por la llanura.
[39] Alude á los haces de varas con segures, que llevaban los
lictores encargados de preceder á los magistrados.
Satisfacer todas las exigencias del deseo; dar al ánimo cuantiosos
dones, sin conseguir nunca dejarlo saciado; gozar los frutos y
aprovechar los beneficios de las estaciones anuales que en rueda se nos
presentan alternativamente, sin que basten á contentar los caprichos,
todo esto se me figura que está representado en las Doncellas, de las
cuales se cuenta que en su florida edad se ocupan en llenar de agua
vasos que no tienen fondo, y nunca logran su objeto.
El Cerbero, las Furias y el obscuro Tártaro, cuyas fauces despiden
espantosas aceleradas llamas, nunca han existido ni pueden existir.
Como consecuencia de los crímenes perpetrados y de las maldades hechas,
aquí, en la vida, el malvado padece temores y castigos; la cárcel,
la horrible pena de ser arrojado á un precipicio desde alta roca,
los azotes, los verdugos, la flecha, la pez, la tea; y si para el
criminal faltasen aquellos suplicios, la propia conciencia, que hasta
las intenciones penetra, se encargaría de castigarlo. Si á todas las
aflicciones ordinarias se juntan las preocupaciones que infunde la
inseguridad en una vida posterior, el desconocimiento de los males que
se padecen y el temor de que éstos puedan ser aumentados con la muerte,
bien puede afirmarse que la vida es verdadero infierno de los necios.