Reflexiona, además, cuán nula es para nosotros la edad pasada antes de
nuestro nacimiento. La Naturaleza nos muestra en lo que ha existido
hasta ahora lo que será en lo sucesivo: ¿y qué encontramos de horrible
y de triste en la muerte de los que fueron? ¿no es, por acaso, un sueño
muy tranquilo?
Todos los tormentos, sin excepción alguna, de los que se dice que son
propios del profundo Aqueronte, á esta nuestra vida real pertenecen. El
mísero Tántalo que teme ser aplastado por masa enorme suspendida en el
aire, según la fábula, en su vano temor que le agobia representa á los
hombres necios que, aterrorizados, atribuyen á los dioses todo lo que
es obra del acaso[37].
[37] También refiere la fábula que Tántalo (personificación de
la perfidia) fué sumergido hasta la barba en un lago, á cuyas
orillas había árboles de frutas deliciosas; tanto las aguas del
lago como las frutas huían de Tántalo, cuando éste, sediento ó
con hambre, pretendía utilizarlas.
No hay Ticio yacente[38] en las orillas de un río del infierno, y no
hay buitres que le coman constantemente las entrañas: habían de ser
éstas de un tamaño suficiente para cubrir toda la tierra y ocupar la
inmensidad del espacio, y no serían bastantes para servir de pasto
durante la eternidad á aquellas insaciables fieras aladas; ni puede
ser interminable el dolor, ni cuerpo alguno puede servir de inacabable
alimento. Pero en realidad, Ticio es imagen de aquellos á quienes amor
tiraniza, ansiedades atormentan y pasiones devoran.
[38] Ticio (el fatuismo), hijo de Júpiter (el poder) y de Elara
(la coquetería), según los poetas estaba condenado á que los
buitres (las pasiones) le picotearan perpetuamente las entrañas,
por haber galanteado á Latona (la vanidad) madre de Apolo (el
ritmo) y de Diana (la caza).